Ambientación·Opinión

[Vampiro: la Mascarada] Guía de BDSM para Vampiros (IV): disciplina y Disciplinas

Little by little we cross the line
Little by little the ties that bind

-Alice Cooper, “Little by Little”

Los vampiros son criaturas aterradoras. Aparte de las habilidades compartidas e innatas a su condición, pueden desarrollar y entrenar extraños y peligrosos poderes sacados de las leyendas y el folclore: capacidades físicas sobrehumanas, telepatía, cambio de forma o hipnosis son sólo algunos de los ejemplos más habituales y conocidos. Estos poderes, conocidos como Disciplinas comúnmente en su sociedad, son o bien una herencia de Caín, el Primer Vampiro, o de los antediluvianos que dieron lugar a los diferentes Clanes. En algunos casos puntuales, ciertos vampiros han desarrollado o extendido poderes nuevos completamente diferentes, que hace pensar que el potencial de la vitae aún no ha sido explotado del todo. Y, aunque en la mayoría de casos estas Disciplinas requieren una activación consciente para poder ser usadas, para los vampiros son capacidades tan naturales como el respirar para los humanos.

Y de la misma manera que los humanos aprendimos con nuestra respiración a gemir y a jadear, los vampiros han encontrado usos mucho más placenteros para sus terribles poderes. Más dolor. Más fuerza. Más placer. Caricias imposibles para las manos mortales, susurros empapados de deseo ferviente o sentidos cargados con experiencias sensoriales que la mente humana no puede comprender son sólo la punta del iceberg de lo que los vampiros pueden poner sobre la mesa en sus relaciones BDSM.

TW: Esta entrada contiene descripciones explícitas de escenas de sexo fetichista y escenas sangrientas y macabras, sin menciones de genitales. También contiene breves menciones a zoofilia y situaciones de abuso, aunque señalando siempre la ausencia de ética en todas ellas.

A nivel ético y social, el uso de Disciplinas en relaciones íntimas está más que aceptado entre todos los grupos vampíricos, como ya se ha visto en entregas anteriores de esta Guía. Usadas con la debida precaución y consentimiento mutuo, la aplicación en estos ámbitos se ve incluso como una práctica sana para comprender y entrenar las habilidades de cada vampiro. Las llamadas informalmente “Disciplinas Físicas” (Potencia, Celeridad y Fortaleza) suelen ser las más beneficiadas de este uso continuo; muchos Vástagos aprenden a moderar y controlar estos poderes de esta forma, gracias a la interacción en espacios seguros con otros vampiros que pueden resistirlos sin problemas (y obtener placer de ello).

Pídemelo por favor

Según el manual de Vampiro: la Mascarada, aprender nuevos niveles de una Disciplina resulta mucho más sencillo con la ayuda de un mentor que posea dicho nivel. En algunos casos, una Disciplina no puede aprenderse de forma espontánea y necesita de forma obligada un mentor (como las Disciplinas combinadas, las exclusivas de una línea de sangre o ciertas magias de sangre). Y todo esto además del coste en puntos de experiencia. No es raro que en las partidas estos periodos de aprendizaje se lleven a cabo en los tiempos entre historias, para aligerar y quitarse de encima un proceso muchas veces tedioso. ¿Y si fuera algo menos aburrido? Las sesiones BDSM entre dos vampiros pueden ser una ocasión perfecta para el intercambio de conocimientos “prácticos” de una Disciplina concreta, contando sin problemas a ojos del juego como mentorazgo de dichos poderes. El aprendizaje podría formar parte del juego erótico de la sesión, convirtiéndola, pun plenamente intended, en una sesión de disciplina de dicho poder. Súplicas, órdenes, premios y castigos estarían a la orden del día, y varias sesiones podrían ser necesarias para el desarrollo completo de la nueva habilidad (aunque no es de extrañar que una relación mentor/alumno de este tipo acabe durando más sesiones por motivos). Las Disciplinas Físicas no necesitan maestrazgo directo, como se especifica también en las reglas, por lo que su simple uso continuado en las relaciones BDSM entre dos vampiros es suficiente como para poder justificar el desarrollo y avance de las mismas. Es considerablemente habitual (y beneficioso para las comunidades vampíricas BDSM) que los Vástagos fetichistas no sólo sean duros de pelar, sino increíblemente versátiles y capaces en el uso de sus poderes.

Lo que sigue a continuación es un listado de las principales Disciplinas existentes en Vampiro: la Mascarada y cuáles podrían ser sus eróticos dentro de un escenario BDSM con otro vampiro. Se tienen en consideración sólo los cinco primeros niveles, empero: aquellos más fácilmente accesibles y experimentables por personajes jugadores. Los poderes avanzados son del dominio de antiguos y matusalenes de muy baja Generación y en partidas normales serán poco más que material de leyendas, antagonistas y pesadillas. Sólo en contados casos excepcionales, cuando alguno de estos poderes es narrativa o mecánicamente muy relevante para el BDSM, se mencionan dichas habilidades impías.

Para acabar, aquellas Disciplinas no incluidas en la lista son porque o bien no tienen uso alguno posible en BDSM (Vuelo) o porque se ha considerado ya con antelación con sus usuarios habituales no practican o no pueden practicar BDSM (Bardo o Daimonion). Los comentarios están abiertos si queréis discutir alguna ausencia que consideréis injustificada, o posibles usos de estas Disciplinas por terceros que no pertenecen al linaje correspondiente y por tanto sí podrían practicar BDSM. En todos los casos, la referencia usada para las Disciplinas es el manual de Vampiro: la Mascarada Edición 20 Aniversario y, en ocasiones, su homónimo 20 aniversario para Vampiro: Edad Oscura y el suplemento Saber de los Clanes.

¿Dónde está la magia?

Las Disciplinas “mágicas”, también conocidas como hechicerías de Sangre o magias de sangre, son demasiado amplias y versátiles en sí mismas como para necesitar un capítulo aparte. Además, la extensión que podía alcanzar el apartado de la hechicería más breve podía llegar a triplicar, con creces, la sección más extensa de una de las Disciplinas “normales” aquí incluidas; la longitud hubiera sido monstruosa (e incómoda). Así pues, Taumaturgia, Dur-An-Ki, Hechicería Koldúnica y las demás Hechicerías de Sangre más importantes serán tratadas en detalle, con sus diferentes Sendas, rituales y variedades, en la siguiente entrega de la Guía de BDSM para Vampiros.

Animalismo

La Disciplina por antonomasia para el trato y control del vampiro con el mundo animal, Animalismo sólo tiene aplicaciones con otros vampiros o con uno mismo cuando sus poderes permiten afectar a la Bestia. Estos poderes no tienen aplicaciones sexuales o morbosas dentro del BDSM, actuando alternativamente como medidas preventivas o de seguridad ante un participante que entrase en Frenesí durante una sesión.

La más conocida, útil y disponible para personajes jugadores sería una de las versiones de su tercer nivel, la Canción de Serenidad. Con esta habilidad, el usuario da una segunda oportunidad para salir del frenesí a otro vampiro mediante simple contacto físico u ocular, algo de valor incalculable durante una sesión BDSM que, por accidente, haya salido mal. Muchos Brujah practicantes de BDSM se inician en el estudio de Animalismo para desarrollar este poder, ya que, pese a todas las medidas de prevención de las que hacen uso en sus relaciones, prefieren tener la certeza de contar con un plan B si algo se va de madre.

Uno de los poderes avanzados de esta Disciplina es quizás la habilidad más buscada por antiguos que practiquen el BDSM y tengan tendencias masoquistas duras: Conquistar la Bestia. Este poder confiere la capacidad de entrar y salir del Frenesí a voluntad, algo extremadamente útil cuando el vampiro en cuestión gusta de situaciones de dolor extremo, prolongado o intenso y quiere asegurarse de que su bestia no la tome con la persona sádica a la que está permitiendo que le torture. En ocasiones usará este control para liberar a la Bestia en momentos de éxtasis u orgasmo, intensificando así las sensaciones con el impulso y furia animalísticos del frenesí para luego volver a someter a su Bestia y sentir la dulce calma y agotamiento combinados del placer, el dolor y la derrota mental de su furia otrora desbocada.

Auspex

Auspex es una de las pocas Disciplinas que tienen usos en el BDSM a todos los niveles. Es increíblemente versátil, aunque el hecho que otorgue habilidades “internas”, que no siempre se pueden usar para incrementar el placer ajeno, obliga a que todos los participantes de la relación BDSM tengan que desarrollar la Disciplina para poder sacarle el máximo provecho. El uso unidireccional, no obstante, suele ser común en sesiones de tipo “dejarse hacer” en las que el placer de la parte pasiva viene de las sensaciones recibidas y el de la parte activa, de las sensaciones provocadas: suspensiones, tortura física, orgasm denial, etc.

Los Sentidos Aumentados del primer nivel de Auspex están tan extendidos entre la comunidad BDSM vampírica que es habitual que su aprendizaje forme parte de la iniciación de un nuevo Vástago en el BDSM. Ser capaz de incrementar un único sentido hasta niveles sobrenaturales permite convertir la más leve de las sensaciones en una experiencia casi orgásmica; con frecuencia el tacto, pero también oído y gusto se incrementan en momentos puntuales para sublimar escalofríos de morbo en tormentas sensoriales. El olfato se utiliza únicamente para fetiches muy concretos (puesto que muchos vampiros, con la edad, se olvidan de respirar) y la vista tiene aplicaciones meramente prácticas a la hora de montar o preparar un escenario particularmente complicado o muy detallista (una suspensión o un espectáculo de shibari particularmente complicados, por ejemplo). El incremento sensorial, además, permite que vampiros sin acceso a las Disciplinas Físicas puedan experimentar sensaciones de intensidad devastadora sin tener que aplicar un castigo o estimulación físicamente equivalente. Muchos Brujah desarrollan el primer nivel por este motivo para así poder prescindir de sus Disciplinas Físicas.

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Los niveles de lectura mental o emocional (Sentir el Aura y Telepatía) requieren siempre de consentimiento previo por parte de los vampiros que vana  ser “leídos” durante una sesión. La mente es un sitio complicado, al fin y al cabo, y los pensamientos y sensaciones que se pueden agolpar en la psique durante una sesión BDSM pueden resultar demasiado íntimos o absurdos para que alguien quiera compartirlos. Cuando ese consentimiento ocurre, no obstante,da lugar a una comunicación casi completa entre todos los participantes, pudiendo actuar libremente en el mundo “físico” mientras intercambian ideas, sensaciones y sugerencias en el mundo sensorial. Palabras, gestos y heridas de seguridad dejan de tener sentido cuando puede verse en vuestra aura que estáis incómodos, o cuando podéis emitir un pensamiento de “Para” directamente a la mente de los demás implicados.

Los vampiros han sabido encontrarle usos deliciosamente pervertidos al Toque del Espíritu, el tercer nivel de Auspex. Intercambiando juguetes, ropa, lencería u otros instrumentos usados en momentos de morbo, placer o dolor, pueden transmitir esta resonancia al vampiro leyendo el objeto en el momento que haga uso de él. Actúan a modo de “muestra de perversión”, enseñando al usuario de Auspex algo que hicieron con ellos en un momento determinado. En algunos casos esto consistiría en la prueba de una tarea depravada llevada a cabo, mientras que en otros en otros podría ser la rotura deliberada de algo que no se debía hacer con dicho objeto (para así merecer un castigo o para transmitirse mutuamente los placeres masturbatorios experimentados pensando en el otro Vástago). Obviamente, el uso de este poder también requiere consentimiento, ya que leer un objeto que no ha sido pensado con antelación para este fetiche podría resultar en una clara rotura de la intimidad de su propietario.

La Proyección Psíquica del último nivel de Auspex es, quizás, la que tiene uno de los usos más fetichistas de toda la Disciplina. Es usado por Vástagos que asumen roles sumisos con una mezcla de morbos exhibicionistas, voyeurs, de objetificación y de indefensión, que pueden verlos combinados con este nivel de la Disciplina. Previo aviso a las demás partes, abandonan temporalmente su cuerpo físico y se convierten en una proyección astral que puede observar desde fuera y en primera fila cómo otros disfrutan o hacen uso de su cuerpo. En el momento que consideran adecuado o cuando creen que ya han disfrutado lo bastante del espectáculo, vuelven a su cuerpo, momento en el que los demás se detienen para comprobar su bienestar y si quieren proseguir. Es común también que en estas sesiones haya otro practicante avanzado de Auspex, con como mínimo la capacidad de ver auras, para ser conscientes de la ubicación de la proyección astral del otro vampiro y poder comprobar su bienestar.

Celeridad

Contrariamente a la extendida creencia popular sobre el sexo, en el BDSM vampírico hacerlo rápido no implica hacerlo mal. En las últimas versiones de Vampiro 20 Aniversario, Celeridad otorgaba no sólo el potencial para acciones adicionales, sino velocidad sobrenatural y destreza, agilidad y precisión incrementadas. Y esto abre todo un abanico de posibilidades.

Para empezar, el incremento de la destreza del usuario de celeridad permite que aquellos vampiros BDSMitas consigan hazañas artísticas que ningún humano podría soñar. Suspensiones perfectas, en las que un individuo puede colgar indefinidamente sin que la gravedad acabe dañando sus músculos o estrangulando la piel, con cada cuerda, extremidad y postura evocando símbolos y dibujos diferentes dependiendo del ángulo desde el que se observe. Escarificaciones y needle play cuyo nivel de detalle al formar ilustraciones rivaliza con el de los miniaturistas más habilidosos de la historia humana. Azotes cuyo dolor no se propaga más allá de la zona deseada, delineando o golpeando directamente zonas erógenas con tal precisión y fuerza comedida que es difícil diferenciar donde acaba el placer y empieza el castigo. Los Toreador son el Clan que con más cariño se deleita en la celeridad, mientras que para los Brujah la exactitud que les proporciona esta Disciplina evita que cometan errores que puedan acabar en Frenesí.

Las acciones adicionales que otorga Celeridad, por otro lado, permiten prácticas polifacéticas dentro de una sesión BDSM; en niveles superiores, éstas prácticamente pueden simular una orgía con sólo una única persona maestra de esta Disciplina. En general, las acciones múltiples permiten estimulaciones múltiples, combinando dolor, placer, cariño y estética con un solo par de manos, sin que ello repercuta en la calidad o precisión de cada una de estas acciones individuales. Estas hazañas, no obstante, son costosas en términos de vitae para el usuario, por lo que suelen limitarse a momentos muy concretos de la sesión o se habrá dispuesto previamente de reservas de sangre adicionales con las que avituallarse.

Para el vampiro que recibe los placeres de la Celeridad, la experiencia puede llegar a ser sensorialmente abrumadora, que no desagradable, y aquellos que no han experimentado antes sus bondades suelen ser iniciados lentamente (pun intended). El usuario de la Celeridad aplicará usos cortos de las acciones múltiples en su “víctima”, seguidos por descansos de duración variable en los que se reducen la intensidad mientras el otro vampiro se acostumbra a la subida repentina de sensaciones que representa Celeridad. Afortunadamente, la Disciplina no produce daño o calor por fricción debido a la alta velocidad de las acciones (y esto es canon, por cierto), por lo que es perfectamente posible aplicar sexo oral, masturbación o estimulación de zonas erógenas con Celeridad sin que a nadie se le caiga un pezón o acabe en llamas.

Dementación

Por lo general, la Dementación no se usa en el BDSM. Es una Disciplina peligrosa, que puede azuzar la debilidad de los Malkavian o incluso “infectar” a vampiros afectados directa o indirectamente por la misma con un trastorno mental de origen sobrenatural. Su propio aprendizaje causa la aparición de un trastorno vinculado a ella, cuya curación supone perder la habilidad de usar la Disciplina por completo. Los Malkavian de la Camarilla, en concreto, son particularmente reacios a su uso dentro de estas relaciones de confianza, e incluso los antitribu no indagan más allá de un par de usos básicos medianamente seguros.

Su primer nivel es quizás el más susceptible de aparecer en una relación BDSM, aunque no por ello menos peligroso. Con Pasión se puede amplificar un conjunto de emociones concretas, algo que, por ejemplo, podría usarse para incrementar la libido de los participantes en una sesión si se dispone de su consentimiento para ello. A diferencia de Presencia, que inflama la atracción hacia el usuario del poder, Dementación aquí sólo amplifica la emoción, sin determinar un receptor concreto de la misma. Esto la hace algo más “amable” y considerablemente atractiva para sesiones BDSM multitudinarias, especialmente entre miembros del Sabbat (que no tienen tantos problemas morales con las emociones artificiales temporales).

El tercer nivel, los Ojos del Caos, no tiene aplicaciones sexuales per se, pero algunos usuarios de Dementación le ven cierta utilidad a modo de previsión y preparación de futuras sesiones. Especialmente en casos en los que surge algún imprevisto o donde se tienen dudas con respecto a la puesta en práctica de un fetiche, este nivel de la Disciplina puede dar respuestas o guías sobre cuál podría ser el mejor (o peor) curso de los acontecimientos, ayudando a tomar una decisión con más seguridad. Éste es probablemente el único nivel que los Malkavian no antitribu se permiten usar en sus relaciones BDSM, ya que pueden hacerlo con antelación desde la seguridad de sus refugios y les permite anticipar si su debilidad dará problemas durante una sesión futura.

Dominación

La Dominación está estrictamente fuera de límites en toda relación BDSM. Es todo lo contrario a lo que representa el fetiche de dominación, donde quien tiene el control de a qué órdenes va a obedecer y cuándo se tiene que suspender completamente el juego de roles con la parte dominante es la persona sumisa. Con Dominación, con mayúscula inicial, el dominado no puede detener su obediencia, no puede acceder voluntariamente a nada: está siendo obligado, forzado, en contra de su voluntad. Y, para dejarlo claro, el uso de Dominación con otros miembros de una relación BDSM -y en el sexo en general- es violación. Si alguien piensa lo contrario, estaré encantado de no oír su opinión nunca, en ninguna parte. Gracias.

Dominación podría tener usos prácticos fuera de la relación BDSM, a nivel logístico. El borrado de memoria es ideal para quitar de en medio a testigos indeseados sin matarlos y para evitar que la policía entre a husmear en una mazmorra secreta tras una sesión especialmente intensa. Hipnotizar a mortales para que den vueltas en las cercanías del exterior de la mazmorra y distraigan a cualquier intruso (o avisen a su domitor) garantizaría la seguridad y discreción de otra sesión. Sirve, pues, para proteger a los implicados de una relación BDSM y para mantener la Mascarada. En algunos de los niveles avanzados disponibles para los antiguos, puede permitir sacar del Frenesí a otro vampiro, cuya utilidad es incalculable dentro de una sesión en la que algo haya salido mal. Pero poco más. La Dominación no es un juguete sexual.

Extinción

Silenciosa, dolorosa y letal, Extinción es la Disciplina del asesinato y la destrucción vampírica. Son pocos los Vástagos que accederían a ser los recipientes de su usos en entornos morbosos, puesto que a menudo el riesgo que implica un desliz con esta Disciplina es la Muerte Definitiva. Para los Assamitas, no obstante, no hay mayor intimidad que la muerte, ni mayor confianza que aquella que pone la vida en el filo; sus no-vidas son finales y destrucción donde Extinción es la herramienta de su trabajo. No es de extrañar, pues, que en la ternura desenfrenada de sus relaciones BDSM, Extinción se convierta en la herramienta de su intimidad.

El primer nivel es quizás el más habitual en el BDSM, dentro y fuera del Clan Assamita, ya que no implica riesgo ni daño alguno. Una esfera de silencio absoluto cubre a su usuario y se mueve con él, convirtiéndolo en un foco andante de perversiones varias: en particular, es ideal para prácticas exhibicionistas o voyeur entre partes consintientes (algo que lo hace muy apreciado por los Nosferatu), pero también es muy interesante para juegos de cazador y presa y persecuciones. También es buscado para fetiches de indefensión, por ejemplo, con una parte sumisa inmovilizada o amordazada que se ve súbitamente sola, al no emitir las partes dominantes ningún sonido que delate su presencia.

El Toque del Escorpión, el segundo nivel de Extinción, puede tener consecuencias terribles para el vampiro que reciba sus “atenciones”. Aunque no es letal per se, el veneno generado por este poder podría dejar a un Vástago permanentemente en letargo, de ser lo bastante potente, por lo que pocos le ven el morbo a eso. Aquellos que han visto su no-vida pender de un hilo las bastantes veces, en cambio, ven el dolor, debilidad y riesgo asociados a este nivel de la Disciplina como un desafío más que demuestra su valía y supervivencia incluso en el éxtasis. Su aplicación habitual es mediante la segregación del veneno en zonas erógenas u órganos sexuales, que los otros participantes proceden a saborear, morder o penetrar, a modo de castigo, de prueba o incluso de premio, para los más osados. El estado de debilidad en el que sume a la víctima del veneno alimenta de nuevo fetiches de indefensión, aunque no son pocos los switches que usan esta ponzoña para ponerse en igualdad de condiciones con sus compañeros de cama (o para demostrar que pueden sobreponerse a ellos incluso habiendo sido debilitados). Entre círculos BDSM que saben de sus aplicaciones fetichistas, al Toque del Escorpión se lo conoce, con motivo, como “Lamer la Espada de Damocles”.

La Llamada de Dagón y la Caricia de Baal, los dos siguientes niveles de Extinción, rara vez son usados incluso dentro de los Assamitas. Sólo aquellos miembros del Clan de Haqim realmente masoquistas y con una seguridad y control férreos sobre su dominio de la Disciplina se arriesgan al sufrimiento y destrucción que pueden causar estos poderes. El primero puede hacer lo imposible, provocar que un Vástago se ahogue en su propia sangre, mientras que el icor corrosivo en el que el segundo transmuta la sangre del usuario puede consumir la carne vampírica como si fuera ácido. La Llamada de Dagón rara vez se utiliza más de unos pocos segundos, a modo de castigo o desafío, dejando que el receptor se regenere entre usos para no causar un daño irreversible. La Caricia de Baal, por suerte, necesita sangre nueva del usuario con cada uso del icor, por lo que sólo se aplica de forma puntual: “dibujando” con las quemaduras causadas palitos para contar el número de fallos cometidos por la parte sumisa durante una tarea, por ejemplo, o para marcar entre switches una derrota en algún tipo de juego sexual, antes de proceder al siguiente.

Hechiceros y Visires (II)

La Extinción aquí descrita se corresponde con aquella más conocida y extendida, la de la casta Guerrera. Hechiceros y Visires, no obstante, tienen acceso a versiones ligeramente diferentes de esta Disciplina, más acordes con sus respectivas responsabilidades, lo que provoca que también tengan utilidades diferentes en el BDSM. En el primer nivel, Visires y Hechiceros pueden ser oídos a través de su esfera de silencio, añadiendo morbo a medida que proyectan su voz de la nada y cambian posiciones mientras se dirigen a un Vástago inmovilizado que no puede oír nada más que sus palabras. En el segundo, el veneno de los Visires causa un estado de ebriedad, en vez de debilidad, que acostumbra a ser más benigno y divertido dentro de una relación de confianza BDSM y no implica riesgos físicos para aquellos que lo consumen -este nivel de la Extinción de Hechicero no tiene aplicaciones morbosas, empero. Los niveles subsiguientes no tienen aplicaciones lascivas, tampoco, en ninguna de las dos variantes extras de la Disciplina, puesto que dañan o bien a criaturas inmateriales o bien atacan directamente a la mente o voluntad del objetivo (lo cual es simplemente peligroso y ningún vampiro en una relación BDSM de consentimiento y confianza le vería morbo alguno). En Edad Oscura, la Extinción de los Visires tenía poderes muy diferentes pero mucho más “benignos”, como saber si alguien miente por el sabor de su sangre, limpiar maldiciones y efectos sobrenaturales y psíquicos adversos o hasta saborear emociones en la sangre ajena. Casi todos son poderes extrapolables a diversos fetiches BDSM, y la ausencia de riesgo físico los haría muy valiosos para Vástagos modernos… si encuentran un sugar daddy antiguo que les enseñe.

Fortaleza

Fortaleza se considera, en BDSM, la Disciplina de personas con roles de sumisión o rebeldía. Otorga la capacidad de soportar dolor y castigo más allá de la ya de por sí impresionante resistencia de la carne no-muerta de los Vástagos, atrayendo a masoquistas a sus brazos con la esperanza de poder alcanzar nuevas cotas de dulce sufrimiento y deliciosa tortura sin poner en peligro su integridad física. Al mismo tiempo, puede actuar como medida de seguridad, activándose sólo cuando el castigo físico ha sido muy duro y se quiere resistir mejor un daño inesperado.

Cuando la utilizan roles sumisos, suele usarse de dos maneras diferentes. La primera, de forma pasiva, es la que se asume la activación de Fortaleza al inicio de la sesión y su mantenimiento hasta el final de la misma, a no ser que la parte sumisa advierta en algún momento que tiene que dejar de usarla. Se considera implícito que los límites de dolor, castigo y tortura están por encima de lo habitual, y los fetiches sadomasoquistas empleados harían palidecer al mismísimo Haqim: látigos con ganchos, tachuelas y púas, azotes con varas de metal contados por centenares, uso de garras y dentelladas brutales y hasta escarificaciones hechas con fuego pueden encontrar su lugar en estas sesiones.

El segundo uso de la Fortaleza por parte de roles sumisos, en cambio, es por petición: la activación se realiza en momentos determinados como “orden” por parte de rol dominante de la sesión. Estas peticiones toman la forma de pruebas de aguante que ha de superar la parte sumisa, como premio a un vampiro especialmente masoquista que espera dicho momento como guinda de la noche o para ejercer un castigo especialmente severo por alguna transgresión a la disciplina establecida. Fortaleza, en estos casos, sólo se activa de forma explícita y consciente, y durante el resto de la sesión se asume que la parte sumisa tiene el aguante habitual de un vampiro, y el resto de actividades y fetiches se adecuan a ello.

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Cuando son los roles de tipo rebelde quienes hacen uso de esta Disciplina, su activación toma un cariz de desafío y provocación. Retan a su “oponente” a ser capaz de forzarles a activar Fortaleza, a demostrar que tienen el poderío físico o intimidatorio suficiente como para obligarles a hacer uso de su resistencia mejorada. Los roles rebeldes con tendencias sumisas a menudo se dejarán hacer, en estas situaciones, dando cierta facilidad a la parte sádica a conseguir superar esta ordalía; aquellos que pueden revertir a dominantes, sin embargo, con frecuencia devolverán los golpes o forzarán a la otra parte a que los inmovilicen entre insultos, bravatas y burlas. Gangrel y Ventrue disfrutan especialmente de estas luchas de poder y demostraciones de dominación física, cada uno desde su particular punto de vista.

Quizás lo que sorprenda a más de uno es que los Vástagos han encontrado usos dominantes para esta Disciplina, hasta cierto punto. Especialmente en roles como switch, que fácilmente pueden pasar de un papel sumiso a uno dominante, los vampiros se han dado cuenta que en una lucha de poder a veces no gana quien más fuerte golpea, sino quien más aguanta. Avanzar impasible mientras se resisten los golpes, mordiscos y arañazos de la parte sumisa, sin devolverlos o cambiar de expresión, hace que el vampiro exude poder y determinación. Gestos de profunda chulería, como escupir un diente roto, hacer crujir las articulaciones o lamerse la propia sangre derramada con gesto adusto, aumentan la excitación por “indefensión” de la parte sumisa, con cada intento de lucha que cae en saco roto convirtiéndose en una piedra más para la avalancha de lujuria posterior.

Melpómene

La Disciplina de las Hijas de la Cacofonía es gasolina para la hoguera de sus fetiches auditivos. Sus palabras se proyectan en lugares inesperados, resuenan en los oídos de amantes lejanos y provocan emociones lascivas como el más potente de los afrodisíacos. No enseñan estos trucos a Vástagos fuera de su linaje, y aún menos a hombres, por lo que los secretos de las canciones de placer de las Sirenas son poco más que un susurro de deliciosa envidia entre los círculos BDSM vampíricos. Y experimentarlos, un lujo disfrutado con discreción.

La Voz Perdida, el primer nivel de Melpómene, permite un espectáculo auditivo que sólo las más ruidosas orgías pueden igualar. Al proyectar la voz al lugar a la vista que se desee, por ejemplo, las órdenes de una Sirena dominante podrían envolver a la parte sumisa como un estrecho y obsceno abrazo de rígida disciplina. O si la usuaria prefiere los roles sumisos, ésta podría hacer reverberar sus gemidos, quejidos y gritos alrededor de su parte dominante como si un anfiteatro entero estuviera haciendo eco de las sensaciones que está provocando en la Hija de la Cacofonía. De hecho, pocas Hijas sumisas son amordazadas durante sus sesiones, excepto como castigo, puesto que la experiencia conjunta acostumbra a ser infinitamente más placentera cuando éstas tienen acceso a este truco de la voz.

El segundo nivel de la Disciplina, en cambio, no resulta de tanta utilidad en sesiones como en los intermedios y en las relaciones BDSM de carácter 24/7. La voz puede ser oída por sus compañeros de relación, da igual donde estén, y sólo ellos podrán oír los susurros de la Sirena. Obscenidades, súplicas, órdenes o llamadas resuenan en los oídos de las personas que comparten una relación BDSM con la Hija de la Cacofonía sin que nadie se entere; a menudo, no obstante, se establecen “horas muertas” donde el receptor establece que no quiere o no puede recibir dichos mensajes. Puede resultar bastante molesto que el aura de uno reverbere con excitación sexual por un mensaje inesperado en mitad de una reunión con un Príncipe conocido por escudriñar constantemente las auras ajenas, al fin y al cabo. O puede que el Príncipe lo considere halagador, pero ese es un problema completamente diferente para el Vástago.Entrada 4-1.jpg

Con Madrigal, en cambio, se necesita un consentimiento y conocimiento explícito por parte de la “audiencia” de lo que va a provocar el poder antes de utilizarlo en una sesión BDSM. Siendo capaz de insuflar emociones mediante una canción, la Sirena ejerce un cierto nivel de manipulación emocional, similar a algunos niveles de Presencia, y aunque ciertas emociones puedan ser medianamente inofensivas, ningún Vástago quiere sentirse engañado o usado en una relación BDSM. Una vez informadas todas las partes de esta habilidad, empero, su uso es muy preciado para poner a todos los participantes en el humor adecuado. Excitación, morbo y placer suelen ser las emociones principales en sesiones basadas en Madrigal, pero Sirenas más hábiles o fetichistas podrían combinar retazos de diversas sensaciones para conformar una “banda sonora” adecuada al ámbito y prácticas de cada sesión. La Hija de la Cacofonía podría incluso preparar varias canciones, usando Madrigal repetidas veces durante la noche para cambiar entre momentos de disciplina, dolor o placer según conviniese intensificar un sentimiento u otro.

Finalmente, con el quinto nivel, Virtuosa, la Sirena puede hacer uso del segundo nivel de Melpómene sobre varios objetivos al mismo tiempo, ampliando su arsenal y haciéndola polifacética en el caso de tener múltiples relaciones BDSM. Varias partes sumisas podrían recibir una llamada al mismo tiempo por parte de su Sirena dominante, prometiendo el placer de poder llegar al orgasmo con ella a aquella que llegase primero, pero castigando a las perdedoras a mirar en silencio, inmovilizadas y estimuladas, por ejemplo. O una parte dominante podría hacer que la Sirena sumisa susurrase obscenidades a varios compañeros de juego no presentes (y consintientes) al mismo tiempo, a modo de castigo o fetiche de humillación.

Mytherceria

La Disciplina de los Kiasyd y los Maeghar es aquella de los tocados por las hadas. Extraña, esquiva y vinculada a un mundo al que los vampiros no pueden tener acceso, sus aplicaciones replican muchas de las habilidades clásicas de las hadas del folclore. Y aunque estas legendarias criaturas tienen también una fuerte vinculación con el sexo, los tabús y los deseos, los poderes heredados de éstas por los linajes vampíricos que los han aprendido tienen pocas aplicaciones en el BDSM. Robos de saber y de memoria, acertijos que consumen la mente o absorber la resonancia de los objetos son o bien peligrosos y dañinos (y atentan contra la confianza y consentimiento), o bien sería como mezclar churras con merinas. Pero como los pactos con los seres feéricos, siempre hay alguna excepción a la norma.

El primer nivel de Mytherceria, Folderol, permite distinguir si una afirmación dicha en voz alta es mentira o no, de forma bastante poco sutil: lo habitual es que emerjan enjambres de moscas de la boca del mentiroso en cuanto se pronuncia la afirmación. Desagradablemente útil como es este poder, sus usuarios le han encontrado un nicho entre los castigos de una sesión BDSM. Pocas veces se usa, propiamente dicho, pues la mención del mismo ante una persona sumisa de la que se sabe ha desobedecido alguna orden o se ha comportado de forma incorrecta es suficiente para hacer que dicha persona reconozca su error y acepte un castigo adecuado. Sólo en ocasiones en las que se considera que la “afrenta” cometida durante la sesión es verdaderamente grave se lleva a cabo el interrogatorio con Folderol, que suele ser breve pero intenso. No se aplican castigos posteriores tras descubrir el embuste de la persona sumisa, pues la propia aplicación del poder actúa como castigo; insistir en medidas punitivas posteriores se considera excesivo, de terrible mal gusto y una buena razón para cortar lazos BDSM con el Kiasyd. Sí que se tiene en buena consideración, no obstante, tener la astucia y labia suficiente como para salir indemne de los usos de Folderol sin decir o admitir la verdad. De hecho, es común que si dos usuarios de Mytherceria se embarcan en una relación switch introduzcan en sus sesiones algún tipo de juego dialéctico en el que el objetivo sea intentar hacer mentir al contrario para obtener el rol dominante, temporalmente o durante toda la sesión.

Para acabar, el segundo nivel de Mytherceria se usa con fines logísticos. Al poder establecer una barrera en puntos concretos fuera del lugar de encuentro de los participantes de una sesión BDSM, se garantiza un mínimo de seguridad y alerta ante posibles intrusos. Teniendo en cuenta la vulnerabilidad a la que se exponen los Vástagos en sus relaciones BDSM, no es de extrañar que muchos vampiros practicantes busquen aprender este poder o llegar a un acuerdo con un Kiasyd local para que establezca y vigile una de estas guardas la noche de una sesión.

Obeah

Puede que los escasos Salubri de la casta Sanadora restantes en el mundo no sean practicantes devotos del BDSM, pero aquellos Vástagos que sí lo son y saben de esta Disciplina sin duda intentarán que el Clan perdido les transmita parte de sus secretos. O, si no hay un Salubri a mano, alguien que lo aprendiese en algún momento… En cualquier caso, Obeah es raro y muy, muy preciado. Es la Disciplina ideal para el aftercare, además de una medida de seguridad muy fiable durante los propios juegos para saber el estado de salud de los demás participantes de una sesión intensamente sadomasoquista. Es raro ver los niveles superiores de esta valiosa Disciplina en las comunidades BDSM vampíricas, pero aquellas que pueden echarle el lazo ni que sea al primer o segundo nivel con frecuencia comerciarán con él y acabarán intercambiándolo con los demás miembros de dicha comunidad.

Sentir Vitalidad, el primer nivel, es la perfecta medida de seguridad para conocer el estado de los demás participantes de una sesión BDSM. Permite saber la gravedad de las heridas, su cantidad, si el otro Vástago aún tiene suficiente sangre o incluso detalles concretos del daño recibido. ¿Se ha roto algún hueso? ¿Su regeneración sigue activa? ¿El golpe ha sido demasiado doloroso? Aunque las palabras, heridas, semáforos o gestos de seguridad siguen teniendo prioridad a la hora de detener una sesión, no son pocos los vampiros que prefieren tener un cierto grado de control extra sobre lo que está sucediendo. Al fin y al cabo, un Vástago excesivamente masoquista podría representar un problema ético a un Cainita dominante con una Humanidad o Camino muy elevado, especialmente si le gusta sufrir más daño y dolor que el que la parte dominante está dispuesta a causar.

Corpore Sano, el tercer nivel de Obeah, le da la capacidad al vampiro de sanar heridas ajenas usando su reserva de sangre. Además de las obvias aplicaciones en el aftercare para curar a otros participantes cuya reserva de sangre está demasiado reducida, los Vástagos le han encontrado utilidad a modo de morbo dentro de las propias sesiones BDSM. La más obvia es la que convierte la sanación en un acto erótico, una especie de perdón, o premio, tras haber sido capaz de soportar la parte masoquista una cantidad asignada de dolor; teniendo en cuenta que el poder se activa mediante el toque, caricias, besos, lametones, mordiscos y demás estimulaciones sexuales sirven como método para obrar la “magia” de Obeah. Entre relaciones de Vástagos sadomasoquistas amantes del dolor y castigo mucho más extremos, en cambio, Corpore Sano se usa como método para extender aún más la sesión y la cantidad de castigo que se puede proporcionar: no sólo puede usarse la sangre del masoquista para la sanación, sino también la del sádico. Esto se hace normalmente de forma gradual, para que ninguno de los participantes gaste toda su sangre de golpe: la parte sádica podría ordenar a la masoquista curar un latigazo que no le ha quedado “perfecto”, mientras que al siguiente podría ser la primera la que sanase la segunda a besos para “saborear” dicho dolor “ideal”.

El quinto nivel, inusual como es que llegue a las manos de vampiros BDSMitas, es quizás la panacea más buscada por los Malkavians fetichistas: Mens Sana, el poder de sanar la mente. Aunque no puede eliminar del todo el trastorno central de un Malkavian, puede disiparlo sin consecuencias durante horas, dejando la mente de la Cassandra tranquila y liberada durante esos preciosos instantes. Teniendo en cuenta los problemas que experimentan debido a su debilidad los Malkavian a la hora de tener este tipo de relaciones íntimas, no tendrán reparos en dar aquello que el usuario de este poder pida a cambio de ser liberados temporalmente de su tormento durante una sesión BDSM. Favores, información, apoyo, recursos… incluso su propia confianza, si el poseedor de Obeah demuestra ser digno de ella, son precios demasiado bajos en comparación con lo que Mens Sana puede darles.

Ofuscación

Ofuscación es la Disciplina de los discretos y de los exhibicionistas, y la joya de la corona del repertorio de los Nosferatu fetichistas. Es, por desgracia, algo incompatible con el uso de Auspex, en algunos casos, ya que esa Disciplina permite ver a través de los engaños de Ofuscación. Usar Auspex en una sesión basada en la Ofuscación sería el equivalente a encender la luz en una cena a la luz de las velas: anticlimático y potencialmente cortarrollos. Por lo demás, la Disciplina goza tanto de versatilidad logística como de usos morbosos, y es otra herramienta común en el arsenal del vampiro practicante del BDSM.

Los dos primeros niveles, el Manto de Sombras y la Presencia Invisible, encuentran su aplicación en el BDSM vampírico más como método de depravación que como método de ocultación. Las condiciones de finalización de cada uno de los dos poderes (no moverse y no llamar la atención, respectivamente) se asemejan demasiado a los límites u órdenes impuestas por una persona dominante a una persona sumisa a la hora de llevar a cabo una tarea obscena. Con el Manto de Sombras, dos vampiros podrían introducirse en un cine porno a la vez que la parte sumisa de los dos activa a orden del otro vampiro el poder; quedándose completamente quieta, dicha parte sería provocada o estimulada discretamente por el otro Vástago, poniendo a prueba su aguante y viendo si es capaz de mantener el Manto y no moverse pese a las “dificultades” a las que se la somete mientras. Con la Presencia Invisible, un Cainita podría desafiar a su pareja de juegos a ir y volver por un camino medianamente público (aunque no necesariamente transitado) engalanada con un conjunto fetichista de correas, látex y argollas que realza o muestra cada una de sus partes íntimas. O podrían dar un paseo juntos, poniendo a prueba los límites del “no llamar la atención” del poder con diversas actividades sutiles pero llenas de obscenidad y erotismo (no tan) velado.

Otro tipo de prácticas en las que estos niveles se usan, conjuntamente con el Desvanecerse del Ojo de la Mente del cuarto nivel, es en juegos de rol de cazador y presa y otros fetiches de indefensión. La parte dominante o cazadora usaría Ofuscación para ocultarse de su presa, “asaltándola” en el momento que menos lo espera o apareciendo para estimularla, “atacarla” o provocarla verbalmente e inmediatamente volviendo a desaparecer. Este tipo de juegos también son comunes entre switches, en los que se retan mutuamente a duelos del escondite erótico y en los que sí está permitido el uso de Auspex. Encontrar a la otra parte primero normalmente dará derecho a una ventaja sobre la misma, fugazmente o durante el resto de la sesión.

Pero quizás el más morboso de todos los poderes de Ofuscación sea la Máscara de las Mil Caras, la capacidad para cambiar completamente de aspecto y aparecer como una persona diferente, incluso de otro género o edad. La Máscara de los Mil Amantes, como la llaman dentro del mundillo BDSM vampírico, acostumbra a ser inocua en sus usos más básicos: cambio de color de pelo o peinado, color de ojos o rasgos faciales o corporales básicos, como el tamaño de la nariz o las manos. Chucherías visuales inofensivas, especialmente divertidas para aquellos con fetiches que implican relaciones con desconocidos (sin ninguno de los riesgos asociados) o para aquellos que gustan de juegos de roles diversos. Cuando los cambios son más radicales o se pide asumir el aspecto concreto de otra persona conocida, la cosa cambia. Esta ilusión ha de realizarse sólo en aquellas relaciones BDSM realmente sólidas y con una confianza y conocimiento mutuos firmes. Celos, resentimiento o tristeza podrían aparecer en relaciones menos consolidadas si la Máscara de las Mil caras le da a su usuario el aspecto de ex-amantes, enemigos o incluso de Vástagos conocidos por ambos que han sufrido la Muerte Definitiva. Con frecuencia en las relaciones conscientes de los peligros de este poder será norma estricta comunicar al usuario de la Máscara de las Mil Caras en quién se ha convertido, y que los participantes se pregunten mutuamente si quieren seguir. En sesiones BDSM orgiásticas con múltiples participantes esto suele ser más laxo, con el usuario intencionadamente convirtiéndose en un objeto de deseo para quienquiera que quiera liarse con él, pero aún así mostrando respeto por aquellos que prefieren no continuar y tomarse un descanso.

Para acabar, el quinto nivel de Ofuscación permite extender el uso de los fetiches de exhibicionismo, indefensión y caza antes explicados a uno o más vampiros sin conocimientos de esta Disciplina. Esto es particularmente útil en relaciones BDSM entre Clanes radicalmente diferentes, para sesiones BDSM con múltiples participantes o para que el desafío de caza mutua sea en completa igualdad de condiciones.

Obtenebración

Obtenebración es una Disciplina muy preciada para el BDSM dentro del Sabbat. Incluso las aplicaciones de los poderes más básicos dan resultados muy efectivos, y la aversión natural de humanos y animales hacia esta Disciplina hace que su uso los sitúe claramente como los depredadores superiores que son. No es sólo una demostración de poder ante los demás participantes de la relación BDSM: es una demostración de poder ante la propia naturaleza. Y al Sabbat le encanta ponerse intensito con esas cosas.

La verdad sea dicha, Obtenebración es profundamente morbosa y versátil. Con su primer nivel ya se puede conseguir montar un verdadero espectáculo de obscenidades modificando las sombras del entorno: una pareja exhibicionista las moldeará como decenas de espectadores de ojos lujuriosos observándoles, mientras que otras podría emplearla como si fuera una habitación de espejos, mostrándose a sí mismos en diversos actos perversos en rincones diferentes de la estancia. Aparte del deleite visual, el Juego de Sombras también se usa sobre los cuerpos de los participantes de la sesión, actuando como tatuajes, marcas y lencería o dibujando o escribiendo formas y mensajes degradantes  con los que perpetrar fetiches de humillación.

Entrada 4-2

El segundo nivel se usa principalmente para fetiches de privación sensorial, orgasm denial y similares situaciones en las que los participantes se ven excitados por la situación de indefensión y aislamiento de la parte sumisa (ésta incluida, por supuesto). Aquí Obtenebración aísla de la luz, el sonido y el calor, obligando a los demás sentidos a agudizarse y anhelando con arrojo y desesperación cada roce, cada interacción y cada suspiro susurrado a sus oídos. Esta práctica, no obstante, requiere un concienzudo aftercare, ya que en el momento en que la parte sumisa vuelve a sentir calor, luz y sonido saldrá del trance erótico sensorial en el que ha estado y volverá de golpe al mundo real. Esta experiencia puede ser considerablemente traumática para aquellos más inexpertos, y practicantes BDSM más avanzados de la Obtenebración recomendarán usarla con moderación y durante cortos periodos de tiempo en las primeras sesiones.

Pero es quizás el tercer nivel, los Brazos del Abismo, el poder por el que más ampliamente se conocen las aplicaciones sexuales y fetichistas de esta Disciplina. Creando literalmente tentáculos hechos de sombra sólida, el usuario de este poder gana brazos y apéndices adicionales con una miríada de usos. Las ataduras e inmovilizaciones, así como sus versiones más artísticas como el bondage y el shibari, son la aplicación más extendida, popularizada por el orgulloso Clan Lasombra. Puede ser básica o elegante, intensa o sutil, y nunca se queda sin materia prima a la hora de continuar extendiendo sus “cuerdas”. Oh, pero eso no es todo. Los tentáculos pueden hacer mucho más. Pueden acariciar y sostener, estimular y penetrar, vibrar y revolverse. Pueden variar ligeramente de tamaño y de forma, adaptarse al recipiente y extenderse o reducirse en longitud. Los Vástagos le han encontrado muchos usos a juguetear con el Abismo. Y a algunos les gusta sentir la oscuridad en su interior en más de un sentido.

Los niveles cuarto y cinco suelen usarse casi exclusivamente entre Lasombra, ya que pocos Vástagos de otros Clanes tienen el morbo suficiente para superar el terror que causan estas transformaciones abisales. La Metamorfosis Oscura permite un uso más personal y directo de los tentáculos sombríos de Obtenebración, actuando como sus propios brazos, y el pánico impío que provoca el baño de oscuridad ultraterrena en el usuario se convierta en humedad y bombeante excitación en aquellos que ansían ser dominados por un ser “superior”. La Forma Tenebrosa, en cambio, es mucho más sibilina y sutil en sus usos, aunque no por ello menos impactante. Al transformarse en una sombra viva de propiedades viscosas, casi líquidas, su usuario puede recorrer literalmente todos y cada uno de los rincones de los demás participantes, recubriendo, lamiendo y penetrando como un único órgano sexual para llevar a aquellos que disfruten de sus atenciones a un término medio entre el pavor y el éxtasis.

Potencia

Esta Disciplina se considera prácticamente la complementaria a Fortaleza en el BDSM: donde una da, la otra recibe. El cuerpo de los vampiros es lo bastante duro como para aguantar unos cuantos envites de Potencia, pero sólo los vampiros naturalmente resistentes pueden soportarla de forma prolongada y sin filtros sin hacer uso de Fortaleza. La Disciplina, pues, supone en muchas ocasiones un problema más que una ventaja frente al vampiro medio, y se mantiene contenida durante la mayor parte del tiempo de las sesiones debido a su potencial destructivo.

Esto no quiere decir que no se use, sólo que se usa con precaución. Más que un despilfarro de fuerza bruta, Potencia transmuta dentro de las sesiones BDSM a una herramienta de precisión. Pequeños picos de fuerza con los azotes para sorprender a un vampiro masoquista que se confía demasiado o dos o tres golpes a modo de traca final a una intensa sesión de dolor, castigo y tortura son situaciones comunes y controladas en las que Potencia reluce en el BDSM. Los Brujah y los Lasombra son particularmente aficionados a este tipo de utilidades para su fuerza devastadora, acordes a la precaución y elegancia de dichos Clanes, respectivamente.

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Entre roles sumisos, la Potencia se convierte en una herramienta de prueba de la disciplina de su dominante o para hacer denotar que necesitar ser tratados de forma más estricta y dura. Romper ataduras -cadenas, correas, grilletes, esposas, …- es una forma de desobediencia común en la que usar Potencia para ser merecedores de un castigo o para ser inmovilizados y sometidos más concienzudamente. Girar brevemente las tornas durante la cópula con Potencia -levantando y moviendo a la pareja como si estuviese hecha de papel para invertir los roles activo/pasivo, por ejemplo- es otra forma de hacer notar a la otra parte de que puede dejarse llevar un poco más y aplicar más fuerza a la relación actual sin miedo.

Para acabar, tanto roles dominantes como sumisos hacen breves aplicaciones de Potencia en el momento del clímax, tanto para intensificar la sensación como para añadir morbo en ese cenit final. Camas y muebles destrozados, (más) ataduras rotas, ropa despedazada o incluso paredes derruidas pueden ser la consecuencia del orgasmo de uno o más vampiros con Potencia que quieren acabar esa parte de su sesión BDSM por todo lo alto. Nosferatu y Brujah suelen permitirse este capricho destructivo en sus respectivos entornos, así como aquellos Gangrel que desarrollan esta Disciplina.

Presencia

Aunque más benévola y sutil que su contundente Disciplina hermana Dominación, Presencia sigue estando en el borde de lo permitido en el BDSM vampírico, por no decir al otro lado de dicho borde. El uso sin aviso o consentimiento previo por parte de la parte sobre la que se aplica esta Disciplina está muy mal visto en la comunidad BDSM vampírica, generando reacciones adversas similares al uso de Dominación, puesto que se está forzando sutilmente a la víctima a que le guste algo con lo que no necesariamente estaría de acuerdo. Blanco y en botella, violación.

La diferencia con Dominación, empero, es que algunos poderes de Presencia sí pueden usarse con consentimiento, con la persona sobre la que se le aplican siendo consciente a posteriori de para qué se han utilizado y qué ha hecho durante ese rato. Esta consciencia de las acciones permite que dentro de una relación BDSM con la confianza suficiente el uno en el otro puedan decidir experimentar con en el deseo y atracción incrementada que puede generar Presencia, aderezando así sus interacciones durante las sesiones para excitarse más y sentir más placer con cada fetiche. Esto no hace que su uso esté libre de peligros, sin embargo: el primer nivel de Presencia, por ejemplo, puede causar efectos secundarios después de su uso, haciendo que el afectado por el poder sea más susceptible al usuario de la Disciplina. Y del quinto nivel, Majestad, ya ni hablamos.

Son el tercer y cuarto nivel, pues, los más benévolos y “seguros” para ser usados en una relación BDSM. Trance tiene una clara utilidad dentro de una sesión BDSM basada en la D/s (dominación y sumisión) a la hora de incrementar el deseo, lujuria y placer de la parte sumisa durante los actos de complacencia y obediencia hacia la parte dominante (de nuevo, con consentimiento y conocimiento previo de lo que se hará durante el trance). Invocar tiene un uso bastante fetichista dentro de relaciones BDSM a las que les guste experimentar con el concepto 24/7 (BDSM en el que se interpreta que el día a día es una sesión continua, que se puede detener y retomar con normalidad en cualquier momento por cualquiera de las partes), ya que permite mantener cierta parte de la conexión BDSM entre los vampiros participantes sin hacer uso de tecnología, a nivel mental y emocional. Más allá del dominante que invoca al sumiso, relaciones BDSM del tipo más protector y cariñoso, como Daddy/Mommy y little girl/boy podrían implementarla de forma que sea la parte sumisa la que invoque a la parte dominante, por ejemplo, para recibir confort y mimos. O si en dicha relación la parte sumisa es tirando a más bratty, podría formar parte de un juego de invocación innecesaria, para que así la parte dominante tenga que castigarla por hacer un mal uso del poder.

Protean

La Disciplina predilecta del Clan Gangrel ha de tratarse con cuidado. Sus poderes de cambio de forma con frecuencia generan rumores de zoofilia o cosas peores entre sus practicantes, y ciertamente existe una línea muy delgada que separa su uso en el BDSM de esa filia (y de lo cuál ya hablamos en la entrada de esta Guía sobre Clanes, en el apartado Gangrel, y no hace falta volverlo a discutir, gracias). En general, Protean se usa en el BDSM de forma indirecta, como demostración de poder o superioridad a la hora de añadir fuerza a la actuación de un rol dominante, switch o rebelde.

El primer nivel se usa la mayoría de las veces de forma estética. Su uso causa que los ojos del vampiro se tornen rojos y brillantes, algo que puede ser excitante y morboso, además de dar la sensación de poderío sobrenatural. La capacidad añadida de ver en la oscuridad resulta muy útil en juegos y desafíos de caza, unidireccional o mutua, además de en juegos de indefensión y privación sensorial en donde la parte sumisa se queda completamente a oscuras -y, por tanto, a merced de la parte “cazadora” que sí que puede verla.

Las Garras Salvajes, probablemente el nivel de Protean más conocido fuera y dentro del juego de Vampiro: la Mascarada, son el poder con un uso más directo en las relaciones BDSM que impliquen a esta Disciplina. No obstante, la naturaleza destructiva de dichas garras limita su uso a momentos puntuales y con extrema moderación: el daño agravado que causan no sólo puede provocar heridas irreversibles en los demás vampiros, sino que además pueda forzar un frenesí de rabia o miedo en la víctima de dichas heridas. Es por eso que las garras no se usan tanto contra los demás participantes de la relación BDSM, sino con el mobiliario y entorno de la sesión. Como armas devastadoras que son, rompen ataduras, despedazan muebles y desgarran hasta el hormigón; actúan como muestra de poder, de rebeldía o de placer extremo de una Bestia dominada pero no completamente contenida. En los pocos casos en los que sí se usan el uno contra el otro, o bien todos los participantes suelen tener niveles decentes de Fortaleza con los que resistir el daño, o bien se utilizan como herramientas “delicadas”: haciendo cortes superficiales, derramando sangre o infligiendo daño pero no heridas reales.

Los dos últimos niveles comunes de Protean son los que permiten transformaciones más complejas y completas de la forma del vampiro. Ya sea por imposibilidad física (la transformación en niebla) o porque supondría una más que grave violación a los preceptos de la Humanidad (la transformación en animales), estos poderes no tienen un uso fetichista directo en la relación BDSM. No obstante, son visualmente impresionantes, además de una demostración de poder sobrenatural y de habilidad predatoria que deja boquiabierta aún hoy en día a la mayoría de Vástagos más “humanos”. Entradas en escena, persecuciones o enfrentamientos por el dominio de la sesión de la noche son situaciones en las que un usuario de Protean puede querer dejar claro a la otra parte que se ha ganado con creces el derecho a dominar y ser obedecido. En estas ocasiones una única transformación y reversión de la misma puede ser suficiente, pero si quiere que el efecto sea más dramático (dejando escapar a una “presa” ya “capturada” volviéndose a convertir en niebla y desapareciendo para volverla a cazar, por ejemplo) podría realizar varias transformaciones y reversiones seguidas, si dispone de las reservas de sangre suficientes.

Quimerismo

Quimerismo es la Disciplina que lo puede todo. Donde las demás tienen usos particulares y ámbitos concretos en los que les es más fácil destacar o encajan mejor, la Disciplina de los Ravnos es todos los ámbitos y todas las situaciones. Capaz de engañar a los sentidos creando ilusiones sensoriales, móviles, independientes y, llegados a cierto punto, hasta casi reales, la imaginación de los implicados, además de su dominio del Quimerismo, es el único límite . La pueden usar (y la usan) todos los roles dentro del BDSM, a veces para simples cambios estéticos con los que amenizar una sesión, a veces para convertirse en el foco de ésta. Si no fuera porque el Clan de Zapathasura es comprensiblemente estricto con el tema de enseñar sus trucos característicos a los demás Vástagos (que con frecuencia les rechazan o persiguen), el mundo BDSM vampírico estaría nadando en la abundancia (fetichista) con una única Disciplina. Pero vayamos por partes.

El primer nivel permite engañar a un único sentido al mismo tiempo con ilusiones que, de por sí, pueden llegar a ser bastante complejas, siempre y cuando no se extiendan más allá del sentido para el que fueron creadas. Las aplicaciones son casi infinitas para cada sentido. Sonidos de gemidos y susurros de placer, gritos e insultos degradantes o el sonido de una calle concurrida para el oído. Aroma a incienso, al perfume del primer encuentro o al sudor y sexo de decenas de personas en una orgía para el olfato. Manos que estrujan y acarician, el frío dolor de una cuchilla o cálida y húmeda fricción para el tacto. El sabor salado del sudor sobre la piel, el roce metálico y espeso de la sangre en la lengua o el amargante paladar de los fluidos ajenos para el gusto. Un público que observa con mirada atenta, la mesa de comedor de un concurrido restaurante o el estrellado cielo nocturno en lugar del techo para la vista. Quizás sean ilusiones simples, pero todos los incendios empiezan con simples chispas.

Con Fata Morgana, el siguiente nivel, las ilusiones ya pueden afectar a todos los sentidos al mismo tiempo, dando lugar a fetiches y fantasías mucho más elaboradas, aunque aún estáticas. La multitud que los observa puede murmurar obscenidades y gritar improperios al desvergonzado espectáculo de azotes y latigazos que está teniendo lugar entre los participantes, aunque sin moverse de sus posiciones. La habitación puede convertirse en cualquier escenario imaginable, desde el confesionario de una iglesia, a las mazmorras de la Inquisición, pasando por un aula universitaria; y aunque las ilusiones no son sólidas, enmascarar objetos reales simples con dichas ilusiones permite que se pueda hacer uso de estos escenarios sin problemas. Un par de muebles viejos y un kit de BDSM barato de cualquier sex-shop es todo lo que necesita un usuario de Quimerismo a este nivel para convertir cada noche en una experiencia diferente. Combinado con la privación sensorial (la vista, normalmente), Fata Morgana puede hacer que los cuerpos se retuerzan con oleadas de éxtasis y sufrimiento, centenares de manos, voces y olores inundando sus demás sentidos como si fuera el único objeto de deseo de una bacanal multitudinaria.

Es con los niveles tercero y cuarto que estas ilusiones pueden convertirse casi en realidades alternativas. Con Aparición adquieren movimiento, complejo mientras el usuario mantenga la concentración y simple y repetitivo cuando las “suelta”: la multitud ahora se mueve del sitio, caminando de un lado al otro de la sala mientras echan miradas a la parte sumisa expuesta o quizás haciendo una fila para azotarla uno a uno entre humillaciones verbales. Las máquinas inquisitoriales de tortura de fondo tienen a víctimas que se revuelven de satisfactorio dolor, el aula universitaria está plagada de alumnos y alumnas que se masturban y toman notas mientras observan. Y luego, con Permanencia, el usuario de Quimerismo puede montar un verdadero espectáculo para el resto de participantes sin estar siquiera presente. Efebos vestidos de látex y cuero que saludan cuando alguien entra en la habitación, amantes etéreos que fornican por su cuenta e invitan a los demás a participar o látigos de la más fina seda enmascarando simples cuerdas que pueden utilizarse sin supervisión. La realidad es una fina cortina que puede descorrerse en cualquier momento para mostrar la fantasía y perversión de los más obscenos sueños de aquellos que emplean el Quimerismo a este nivel.

Y, finalmente, llega el truco definitivo: el quinto nivel de la Disciplina, que hace que los efectos provocados por estas alucinaciones sean reales en las mentes de los afectados. Los azotes dejan doloridas marcas rojas de manos en la piel, los cortes abren la carne y la hacen sangrar, las cuerdas rozan, laceran y asfixian sin necesidad de un objeto con el que crear permanencia física. Y cuando los participantes, exhaustos  satisfechos, no pueden soportar más placer, más castigo, más humillación… todo desaparece. Las heridas causadas, las marcas provocadas y los fluidos derramados se desvanecen, sin rastro o secuela alguno. Puesto que para finalizar este nivel de Quimerismo sólo es necesario convencer a los afectados de que lo experimentado no es real, no hace falta más que una palabra del usuario para finalizarlo; saben que es esa persona la que crea las ilusiones y la que puede discernir entre realidad y mentira, así que su libidinosa fe se va tan rápido como vino. Un universo entero de fantasías desbocadas pero seguras en sus manos.

Y aquí entra el factor más importante de Quimerismo: el consentimiento. Aunque el usuario de la Disciplina puede sorprender con cómo mostrará o esgrimirá sus poderes, la naturaleza de las ilusiones y fantasías creadas para cada sesión siempre se discuten con anterioridad. Los participantes no entran a ciegas, en esta clase de orgiásticas experiencias sensoriales, y han de comprender previamente hasta dónde llega el alcance de las alucinaciones colectivas. Esto es, además, indiferente al rol de la persona que fabrica los escenarios de ensueño: nadie entra en una mazmorra sin saber lo que los demás pretenden que ocurra, sin que haya comunicación con respecto a aquello que les excita. Sí, seguro, puede ser una simple ilusión, fuegos artificiales sin más efecto que el de impresionar y maravillar… pero sólo hace falta un pequeño empujón de desconocimiento para que un sueño se torne en pesadilla.

Serpentis

En comparación con el resto de Disciplinas exclusivas de Clanes independientes y linajes únicos, Serpentis está considerablemente extendida entre Vástagos que no pertenecen a los Seguidores de Set. Esto es mayormente obra de los propios Setitas, que en su oficio habitual de corruptores, seductores y comerciantes de secretos no tienen reparos en ofrecer los primeros niveles de su extraña Disciplina a aquél que lo pregunte amablemente (y esté dispuesto a pagar generosamente por ello). Y son también los Setitas los que verbalizan y extienden entre las comunidades BDSM vampírica los numerosos y entretenidos usos fetichistas de su Disciplina única, sea mediante simples chismorreos o depravadas demostraciones prácticas privadas. La demanda de algo que sólo ellos poseen es una bendición de su oscuro Dios, a ojos de los Seguidores, y las enseñanzas de Serpentis son un punto de partida común tanto para relaciones BDSM con miembros de los Seguidores como para la lenta y dulce integración al culto de nuevos miembros.

Al primer nivel de la Disciplina se le conoce habitualmente entre círculos BDSM como “las Cadenas Invisibles”, y con buen motivo. Únicamente haciendo contacto visual y ganando un breve duelo de voluntades, el vampiro puede mantener inmovilizada a su “víctima” indefinidamente, siempre y cuando no rompa dicho contacto visual. Los Vástagos dominantes fantasean con tener este capacidad hipnótica de inmovilización, tanto por sus posibilidades como por su naturaleza mayormente benigna e inofensiva; el duelo de voluntades inicial, necesario en su uso con otros vampiros, también lo hace muy atractivo para switches y roles rebeldes -Gangrel y Ventrue en concreto le tienen mucha estima. Su erotismo, mayormente psicológico, hace que las miradas de cada sesión BDSM sean estremecedoras y excitantes, cargadas con la posibilidad del control total sobre el propio cuerpo. Tal es la expectación que genera, que con frecuencia los participantes de rol sumiso se quedarán paralizados ante todas las miradas directas de su parte dominante, independientemente de si se ha usado Serpentis o no. Los switches valoran especialmente poseer ambos este primer nivel, de forma que aquél con una voluntad más endeble sea el que acabe bajo los efectos hipnóticos de la Disciplina. Cada relación BDSM, en cualquier caso, encuentra sus retorcidos y depravados usos propios, dependiendo de sus fetiches. Desde posturas o situaciones humillantes que la mirada no deja que se cambien o se deshagan, a castigos físicos en los que se extiende el dolor de la parte masoquista haciéndole imposible moverse mientras soporta el dolor, pasando por orgasmos detenidos en el tiempo, con las manos de la parte sumisa deseando poder moverse para llegar al éxtasis y finalizar su deliciosa tortura.

El segundo nivel de Serpentis es literalmente una lengua prensil de medio metro, que puede extraer sangre de las heridas que causa y que además provoca el mismo éxtasis que el Beso vampírico. Los Vástagos que emplean esta lengua para sus sesione BDSM le dan toda clase de usos, además de lamer: puede inmovilizar, estrangular, rodear, envolver y penetrar, entre otras cosas. Las heridas que causa son, por desgracia, agravadas, por lo que su capacidad para causar heridas de forma directa se suele dejar aparte excepto entre los círculos vampíricos masoquistas más extremos. Con frecuencia se abrirán heridas con métodos mucho menos dañinos, como cuchillos u otros elementos cortantes, de los que después extraerá sangre la lengua, trayendo consigo el placer que ésta causa. Los besos (sin mayúscula) son sin duda una de las experiencias más excitantes que pueden llevarse a cabo con esta lengua, y el hecho que los vampiros no necesiten respirar es algo que todos los que tienen el placer de interactuar con dicha lengua recuerdan con mucho gusto. Pero esta alargada probóscide no sirve solo para dar placer: también puede recibirlo. Como un órgano sensorial y potencialmente erógeno más, esta lengua puede ser estimulada, besada, lamida de vuelta y acariciada, y la persona portadora recibirá el mismo placer que con su lengua original. La progresión habitual al aprendizaje de este nivel de Serpentis es enseñarlo al resto de participantes de la relación BDSM, de forma que todas las partes puedan invocarla en una sesión para darse placer mutuo y probablemente los besos más intensos y con más saliva que dos vampiros pueden llegar a experimentar.

Fauces Tifónicas

En el pasado, el segundo nivel de Serpentis era capaz de invocar, alternativa o adicionalmente a la lengua extendida, unas gigantescas fauces dentadas que podían dislocarse para tragar objetos de cualquier tamaño. Teniendo en cuenta las capacidades metamórficas de muchos vampiros y las formas monstruosas que Serpentis otorgaba en niveles superiores, no es de extrañar que este poder tuviese muchas aplicaciones en lo que a sexo oral y besos se refiere con otros practicantes de Serpentis, especialmente otros Setitas. Y respecto a lo de la gigantesca boca dentada… bueno, es simplemente una progresión natural de la tendencia sexual vampírica de morderse. Si todas las partes acceden a ello y son plenamente conscientes de lo que esos dientes pueden hacer, bienvenidos sean los mordiscos.

Entrada 4-3La Piel de Víbora, el tercer nivel de Serpentis, es un poder muy buscado por los amantes del tacto del látex. Al convertir la piel del usuario en la de una serpiente, lisa, fría y escamosa, gana, además de protección contra el daño, la misma flexibilidad que los ofidios. A nivel sensorial, este nivel de Serpentis es un fetiche en sí mismo, ya que convierte el cuerpo entero del usuario en una experiencia que ninguna prenda de látex puede igualar, ya que la piel retiene la sensibilidad habitual. Lamer, acariciar o restregarse pasan a ser el plato principal de la interacción física de la noche, tanto para los participantes que disfrutan del nuevo y morboso tacto de su compañero, como para el usuario del poder, que disfruta de la atención recibida y de las extrañas sensaciones que provocan los estímulos en la escamosa piel de reptil. A nivel físico, la nueva resistencia al daño, así como la flexibilidad adquirida, abre todo un abanico de posibilidades para los Vástagos de tendencias sadomasoquistas. Ahora pueden experimentar contorsionando el cuerpo en depravadas posturas imposibles y siendo torturados con fiereza y sin miedo en sus partes más sensibles, a sabiendas de que las duras escamas les dejarán sentir el dolor y placer sin que llegue a causar ningún daño real. Finalmente, y especialmente entre Seguidores de Set, este fetiche no sustituye al látex, sino que lo complementa. Se convierte en una segunda capa de piel que hay que adorar y disfrutar, con el debido respeto ritual, antes de poder acceder a la verdadera piel de la serpiente, antes de que el tacto de Set otorgue los divinos placeres con los que recompensa a sus más devotos creyentes.

La Forma de Cobra es… problemática. Convertirse en una gigantesca serpiente tiene sus claros fetiches asociados, pues todos recordamos la mítica escena de Salma Hayek en “Abierto Hasta el Amanecer”: es sólo cuestión de imaginárselo con una serpiente aún más grande. No obstante, con todo el erotismo que conlleva una serpiente rodeando y recorriendo extremidades y torso, apretando la carne en un abrazo que recuerda sin lugar a dudas al bondage, no podemos olvidar que en este caso dicha serpiente es uno de los amantes. No es atrezzo ni parte del espectáculo, es la parte consciente que está disfrutando y haciendo disfrutar con una forma animal; monstruosa, sin duda, pero animal al fin y al cabo. Las implicaciones de esto ya se discutieron con los Gangrel en la segunda parte de esta Guía, por lo que no las repetiremos aquí. Pero si personas jugadoras o narradoras quieren incluir una escena así en sus partidas de rol con tintes BDSM, por favor, acordadlo antes con el resto de participantes y respetad y comprended si a alguno de ellos le resulta problemático u ofensivo.

Avatar Tifónico

En tiempos algo más pretéritos, empero, el cuarto nivel de Serpentis se llamaba Avatar Tifónico, y aparte de una forma bestial y monstruosa similar a la Forma de Cobra (en función y problemáticas, no en forma), permitía adoptar una forma híbrida de serpìente y humano. En esta forma el torso conservaba los rasgos habituales del vampiro, pero de cintura para abajo se convertía en una enorme cola de ofidio que le servía tanto para desplazarse como para atacar de forma brutal. Y aunque por su claro significado místico y religioso (al asumir la forma de un avatar de su dios) es difícil que este poder sea conocido fuera del culto a Set, entre Setitas que aún conozcan esta versión es perfectamente probable que la usen en sesiones de BDSM ritual en honor a Set (y carece de la problemática explicada en Forma de Cobra). Al fin y al cabo, ¿qué experiencia más cercana a un dios de la seducción y la corrupción puede haber que ser dominado por (o dominar a) un avatar de carne y hueso de dicho dios?

Finalmente, con Corazón de las Tinieblas, un usuario de Serpentis puede arrancarse su propio corazón, almacenarlo en un lugar seguro y hacerse literalmente inmune a ser estacado. Esto, que de base tiene pocas aplicaciones fetichistas, abre ciertas posibilidades a los Vástagos amantes del sadomasoquismo más salvaje. Ahora pueden clavarse estacas y empalarse sin más problema que la sangre que deberán gastar luego para regenerarse, así que pueden dejarse llevar y causar una masacre de tripas e higadillos que haría asentir con orgullo al viejo Vlad Tepes. Este poder también puede utilizarse de forma similar a los usos dominantes de Fortaleza: “Adelante. Estácame. Inténtalo. Mírame a los ojos mientras uno esté dentro del otro e intenta atravesarme el corazón, y comprobarás que ni siquiera la madera tiene poder sobre mí”. Ser capaz de ignorar las debilidades vampíricas es una de las mayores demostraciones de poder que un Vástago puede hacer, al fin y al cabo; vampiros tanto con roles switch como sumisos pueden ver el morbo inherente a ser justamente puestos contra las cuerdas por alguien aún más duro de pelar que ellos.

Spiritus

La Disciplina de las Ahrimanes es un poder en peligro de extinción, al igual que sus maestras. Pese a tener niveles que pueden aplicarse casi directamente al ámbito fetichista, estos usos no están extendidos ni mucho menos transmitidos entre sus usuarias, debido a la disgregación y casi desaparición completa de los linajes que los manejan. Cuando se dan, son desarrollos paralelos, invenciones descubiertas un millón de veces por cada Valquiria y gata individual cuando decide experimentar con sus Disciplinas en una relación BDSM.

El uso en BDSM del primer nivel de Spiritus es una simple conclusión lógica: si despertando al espíritu interior de un objeto inanimado se puede conseguir que funcione mejor, ¿qué pasa si se aplica a un objeto cuya función es proporcionar placer, sea directamente o mediante dolor? Palas y fustas que no se desvían ni causan laceraciones inesperadas, juguetes sexuales que llegan con precisión hasta ese punto exacto o pinzas que se deslizan sin problemas al tirar de ellas, causando dolor pero sin enganchar carne o piel en su recorrido, son algunos ejemplos del uso de Spiritus sobre instrumentos de uso sexual. Despertar al espíritu de un objeto no destinado al uso sexual y luego aplicarlo a una sesión BDSM sí puede acarrear problemas, empero. A los espíritus no les gusta demasiado ser tratados sin el debido respeto, por mucha compulsión sobrenatural que se haya añadido, y ser despertados para no ser utilizados para su debido propósito es una forma directa y sin intermediarios de cabrearlos a largo plazo. Los espíritus son bastante rencorosos, a ese respecto, y ofensas verdaderamente graves podrían suponer que el objeto dejase de funcionar adecuadamente a largo plazo o incluso causase daño accidental al usuario que lo ofendió. Y en mitad de una sesión BDSM, eso puede resultar considerablemente peligroso.

Con el tercer nivel de esta Disciplina pueden adquirirse habilidades asociadas a un arquetipo de animal concreto, invocando a un espíritu de dicho animal. En general las opciones presentadas a personas jugadoras y Narradoras en el manual son poco aplicables en el BDSM más allá de los fetiches de caza y persecución que se han descrito en otras Disciplinas: visión, olfato u oído agudos, equilibrio incrementado, más fuerza, más velocidad, veneno, etc. Para irse fuera de la supervivencia y el pragmatismo de los usos básicos de este poder, es necesario pensar fuera de la caja y buscar la bendición de otros animales más inusuales (o adquirir bendiciones diferentes de los mismos espíritus). Un espíritu conejo podría otorgar una libido incrementada, mientras que un espíritu cerdo podría permitir éxtasis sexual mucho más largo e intenso. En cualquier caso, las bendiciones aportan mejoras y capacidades que no modifican el aspecto físico de la Ahrimán de forma drástica (no se pueden conseguir púas de un espíritu erizo, por ejemplo) y que están asociadas a nivel conceptual o simbólico además de biológico. Un espíritu coyote podría proporcionar una mayor agudeza mental durante un duelo de puyas entre switches, pero no podría obtenerse pelaje y cola funcionales por parte del mismo. Animales asociados típicamente a rituales de fertilidad, lujuria o superación son elecciones comunes, ya que otorgan cierto respeto y veneración al espíritu a cambio de la bendición recibida. No obstante, incluso cuando no se dan estos casos suelen ser mucho menos rencorosos que los espíritus de objetos inanimados, comentados más arriba, ya que incluso con los extraños rituales BDSM vampíricos perciben el apareamiento como algo intrínseco al ciclo natural.

Temporis

El poder para manipular el flujo del tiempo tiene, sorprendentemente, pocas aplicaciones dentro del ámbito del BDSM. Temporis es una Disciplina que, como los True Brujah que la esgrimen, está hecha para la calma, la tranquilidad y la estasis, más que la emoción y la pasión. Extraer objetos del flujo del tiempo, ralentizar objetivos momentáneamente o crear bucles de tedio no son precisamente acciones muy fetichizables, que digamos.

Su primer nivel, el Reloj de Arena Mental, sí que tiene ciertas aplicaciones, aunque sean más bien de tipo práctico. Al dar al usuario un conocimiento exacto e implícito del paso del tiempo, la precisión con la que puede realizar ciertos fetiches es apabullante. Un usuario con rol brat podría utilizarlo para indicar a su parte dominante errores de cálculo o imprecisiones aplicándole castigos (“Me dijiste que debía retener el orgasmo durante quince minutos. Si has cronometrado de menos no es culpa mía. Yo he cumplido tus órdenes”). Uno con rol dominante, en cambio, podría girar esas mismas tornas, requiriendo una exactitud a la hora de llevar a cabo sus tareas que sabe bien que la parte sumisa no será capaz de igualar (“Por cada décima de segundo que te equivoques al contar un minuto desde ahora mientras te masturbo, recibirás un azote. Empezamos”).

Es quizás el quinto nivel de Temporis el que tenga usos más directos en las sesiones BDSM, al poder acelerar momentáneamente al usuario de forma similar (aunque más potente) que con Celeridad. En el breve lapso de tiempo extra que tiene el Vástago, no sólo puede realizar varias acciones en lo que tardaría hacer una, sino que además puede invocar otras Disciplinas, aunque a costa de su salud. Las aplicaciones de este poder son, pues, similares, cuando no idénticas, a las vistas en la Disciplina Celeridad, con algunas breves diferencias. No hay un aumento de la Destreza, por lo que la precisión del vampiro no se incrementa durante la aceleración -es capaz de hacer lo mismo que puede hacer en el flujo de tiempo normal, ni más, ni menos. No obstante, la posibilidad de incorporar Disciplinas significa que puede realizar combinaciones del resto de fetiches presentados en esta sección casi a la vez (si no le importa que el flujo temporal le deje un poco hecho unos zorros, claro está). Un usuario de rol sumiso que también dominase Ofuscación podría rotar entre varias apariencias en pocos segundos mientras da placer a su parte dominante, dando la sensación de estar practicando sexo con todas al mismo tiempo. Un Verdadero Brujah podría activar el tercer nivel de Presencia, Trance, a la vez que da un azote cargado con Potencia, para después desactivarlo, creando la sensación en la parte sumisa de un pinchazo cargado no sólo de dolor, sino de un profundo deseo y lujuria. De nuevo, el límite es el daño que Temporis causa a su usuario al activar otras Disciplinas, por lo que su aplicación siempre es puntual y para llevar a cabo alguna combinación planificada y acordada con anterioridad, de forma que los implicados sin Temporis sepan qué ha ocurrido en los intervalos acelerados.

Thanatosis

La Disciplina de los Samedi camina una estrecha línea entre lo horripilante y lo morboso. Varios de sus niveles ni siquiera se plantean dentro del BDSM, como la totalidad de la Disciplina de Nigromancia, pero un poder concreto tiene utilidades muy específicas que algunos Samedi podrían utilizar en sus encuentros íntimos fetichistas (con el Vástago adecuado, claro está).

El primer nivel (y el único utilizable en BDSM) es, simplemente, práctico. Poder almacenar y esconder pequeños objetos en los pliegues de piel cadavérica del cuerpo del usuario puede resultar bastante útil cuando se va ligero de ropa y no se quiere detener la situación en la que se encuentra el Vástago. Pinzas, mordazas, esposas y similares instrumentos pequeños pueden aparecer de forma inesperada, como por arte de magia, dando un halo de pragmatismo socarrón al usuario, que siempre parece tener a mano todo lo que necesita, por imprevisto que sea. Y las bromas del estilo “de dónde has sacado eso” suelen dar mucho juego entre los naturalmente burlones Samedi.

Valeren

Si Obeah es la Disciplina del aftercare, la sanación y el dolor lleno de ternura, Valeren lo es del sadismo, el regocijo en las heridas y el dolor como castigo. Gracias a la integración de las Furias en el Sabbat, esta Disciplina está mucho más extendida que su hermana sanadora, por lo menos dentro de esta Secta, y se ve mucho más a menudo en las comunidades BDSM sabáticas. Aunque dedicados a su causa, los Salubri antitribu ven el beneficio de compartir sus conocimientos, y no ven problema en compartir los dos primeros niveles de Valeren con bastante facilidad. A partir del tercero, sin embargo, la cosa cambia, y vale más que el Vástago tenga algo valioso que ofrecer a cambio de querer usar la justa venganza de las Furias en algo tan vacuo como el placer personal.

Los dos primeros niveles de Valeren son idénticos a los de Obeah. Y como en la versión sanadora de esta Disciplina, sólo el primero de estos dos, Sentir Vitalidad, es aplicable en otros Vástagos; es por tanto, el único con aplicaciones BDSM. Dichas aplicaciones son mayormente idénticas a las que los Vástagos le han encontrado a Obeah, aunque ligeramente teñidas por la historia furibunda de los Salubri antitribu y su afiliación al Sabbat. Se analizan las heridas para ver cuánto más se pueden hurgar sin causar daño irreversible. Se examinan extremidades para comprobar cuál ha recibido menos castigo, y así igualarla a las demás. Se inspecciona el cuerpo del Vástago masoquista tras cada brutal azote para saber si sería capaz de soportar uno aún más intenso. Muchos Caminos de Iluminación sabáticos se regocijan en el placer, el dolor, el autocastigo y la supervivencia, y como tales no corren el riesgo de degeneración por comportarse de forma inhumana en sus momentos de intimidad y confianza. En el Sabbat, como decía Lordi, sí han entendido la belleza de la Bestia.

El tercer nivel de Valeren, el Toque Ardiente, es uno de los poderes más preciados por Vástagos sadomasoquistas, y uno increíblemente difícil de conseguir. A los Salubri no les gusta que usen la herramienta de su justa venganza contra la Camarilla y los Usurpadores (los Tremere; ante la duda, si un Clan está cabreado con otro Clan, siempre es con los Tremere) para algo tan vano como el BDSM. Ahora bien, el “haz lo que digo, no lo que hago” también se aplica a las Furias, y no son pocas que han decidido darle usos eróticofestivos al desgarrador dolor infligido por el Toque Ardiente. Y es que, aunque éste causa debilidad física, no provoca daño real en sí mismo, convirtiéndolo en una herramienta considerablemente segura en sesiones donde el dolor es lo que prima. También funciona a las mil maravillas como castigo, incluso con participantes típicamente masoquistas, ya que el dolor (aunque pueda resultar placentero) es tan excruciante e intenso que es necesario descansar del mismo entre aplicaciones. Esta electrificante sensación de sufrimiento, pues, adquiere un tinte esporádico y extático durante las sesiones BDSM, funcionando en forma de breves avisos ante el mal comportamiento de una mascota rebelde en un pet play, como traca final ante un masoquista que ha dado de sí todas las máquinas de tortura o aplicándolo al mismo tiempo que se llega al orgasmo, entremezclando ambas sensaciones en un inhumano frenesí de placer.

Vicisitud

La emblemática Disciplina de los Tzimisce es al mismo tiempo uno de los mayores tabúes y morbos de la comunidad vampírica BDSM. Vicisitud evoca terror y fascinación, activando partes de la imaginación fetichista de los Vástagos que jamás habían considerado -y que probablemente hubieran preferido no considerar carne que muta, cambia y desplaza con el mero roce de los dedos del artesano. Huesos, grasa y músculo reinventados, otorgados de nuevo propósito blasfemo para cualesquiera sean las fantasías perturbadoras de los participantes de tan siniestra sesión BDSM. Es el vicio prohibido, el valle inquietante de las perversiones, la inmensa mansión cuyas ventanas están cubiertas de cortinas negras y sólo gritos y gemidos ahogados salen de su interior. Los Vástagos quieren entrar. Les aterra no poder salir.

Al principio, Vicisitud es sólo sobre uno mismo. El vampiro ya no tiene sólo una cara o un cuerpo, los tiene todos. Su piel tiene todos los tonos, su complexión es aquella que más le apetezca. La voz puede oscilar entre el desgastado fumador afónico o la aguda intensidad del tenor profesional. Su pelo puede cambiar de color tanto como de forma, ondulándose, alisándose o rizándose hasta cualquiera de los espectros posibles del cabello humano. A diferencia de la Máscara de las Mil Caras de Ofuscación, los cambios de este primer nivel de Vicisitud son permanentes y físicos, no una simple ilusión, y requieren un mayor trabajo previo para conseguirlos. En consecuencia, no permite con tanta facilidad el cambio dinámico de aspectos e identidades durante una sesión BDSM, y su uso se planifica con antelación. “¿A quién quieres dominar?” o “¿quién quieres que te domine?” son dos preguntas que hacen estremecer a cualquier Vástago que tenga la suerte de encamar a un usuario de Vicisitud en sus relaciones BDSM. Fetiches de exhibicionismo, infidelidad u objetificación anidan y prosperan en esta sencilla aplicación de la Disciplina, atrayendo como moscas a vampiros curiosos que pronto se verán atrapados en las peligrosas mieles de los niveles superiores…

Es con Moldear carne, la progresión inmediatamente superior de Vicisitud, cuando salen a relucir lo antinatural y lo grotesco de entre los morbos de los vampiros. De nuevo un poder de paciencia y dedicación, Moldear Carne permite alterar piel, grasa y cartílago como si de arcilla se tratase; es un proceso entre lo doloroso e indescriptible, y con frecuencia se incorpora el proceso de moldeado y artesanía de la carne a la propia sesión como fetiche sensorial y sadomasoquista. Aunque los cambios que se efectuarán sobre uno mismo o sobre el otro son pactados con antelación, es frecuente hacer falsas amenazas y tanteos de modificaciones terribles y drásticas, así como cometer pequeños “errores” controlados y sin mayor consecuencia que sólo son corregidos cuando se recibe la súplica adecuada. En cuanto a qué cambios y modificaciones concretas se realizan con Moldear la carne… la imaginación es el límite. A veces son meros cambios estéticos, similares a los que el usuario de Vicisitud era capaz de realizarse sobre sí mismo con el primer nivel, con el añadido de poder hacer modificaciones más claramente antinaturales, como adquirir el aspecto de criaturas de la mitología o el folclore asociadas a la lujuria. En otras ocasiones, las modificaciones son lo burdo y obsceno pero práctico, como nuevas zonas erógenas y órganos sexuales de todo tipo, independientemente de cuáles poseyera ya el vampiro en proceso de modificación. Los artesanos de la carne más duchos, en cambio, buscan composiciones de carne simétricas, “hermosas” dentro de su valle inquietante, a la vez que sensorialmente placenteras: trabajos de shibari realizados con la piel y cartílago de la persona atada, lenguas funcionales que forman intrincados patrones en el torso o “partituras” de puntos extremadamente sensibles que, estimulados de la forma adecuada, hacen gemir a su poseedor para que entone una bella pero sencilla melodía.

Lo verdaderamente grotesco llega con Moldear Hueso, el tercer nivel de Vicisitud. Como su nombre indica, este poder simplemente expande las posibilidades de Moldear Carne, permitiendo por fin modificar, extender, partir y remodelar hueso, además de los tejidos blandos propiamente dichos. Y si el anterior nivel ya necesitaba preparación, modificar tejido óseo requiere no sólo más tiempo, sino una idea muy clara de lo que se pretende conseguir; el caso contrario suele tener horribles y catastróficos resultados que distan mucho de proporcionar placer alguno a aquellos que los han sufrido. Cuando sale bien, empero, el cuerpo humano pierde cualquier limitación que pudiera tener a la hora de experimentar y causar placer y sufrimiento. Extremidades que se pueden doblar en cualquier dirección, articulaciones y miembros funcionales adicionales, bocas de más perfectamente dentadas, instrumentos de tortura retráctiles incorporados dentro del cuerpo del torturador… Pero tampoco es necesario que todos los cambios aplicados a base de hueso y tuétano tengan que tener aplicaciones prácticas; en ocasiones estas modificaciones son puramente estéticas. Corsés ebúrneos que brotan de la misma piel, pero que disponen de las articulaciones suficientes para abrirse; tacones óseos que culminan el trabajo de texturización y endurecimiento de la piel de las piernas, formando botas que emulan látex rígido con blandas pero aún así dolorosas púas de cartílago; bodis que nacen de vértebras protruidas para formar intrincados patrones que recuerdan al trencadís del modernismo catalán. Especialmente entre los Tzimisce, estas modificaciones estéticas toman con frecuencia formas monstruosas o inquietantes cuya belleza sólo ellos saben apreciar: costillares externos que enjaulan o atraviesan el pecho entrecruzándose hasta formar un triskellion de cicatrices, por ejemplo, o cornamentas que florecen de las mejillas tras haber atravesado el cuerpo entero en espirales como si el cableado de una horrenda máquina se tratase (y a través del cuál pueden entrelazarse cuerdas, cadenas y correas).Entrada 4-7

El uso del cuarto nivel de Vicisitud en BDSM, la antaño conocida como forma zulo, es simplemente aterrador. Los Tzimisce no tienen muchos reparos en reconocerlo, y aseguran que permite unos juegos de depredador y presa realmente exquisitos que ninguna otra Disciplina puede replicar. Lo más perturbador, sin embargo, es saber que el Vástago que asume esta horrenda forma no siempre es la parte cazadora de la sesión, ofreciendo un verdadero desafío a los demás Tzimisce implicados. Que además en ocasiones todos los Tzimisce implicados asuman la forma zulo y no vuelvan a su forma humanoide tras haber capturado con éxito a su presa no ayuda a que otros Cainitas decidan implicarse en esta clase de juegos más extremos y grotescos.

El último nivel de Vicisitud, la Forma de Sangre, es casi un fetiche en sí mismo, el culmen del blood play hecho masa sanguinolenta con movimiento y voluntad propias. El usuario de este poder se convierte en un elemento cuya única función es dar placer, pues carece de parte carnosa alguna capaz de experimentar tacto (y, por extensión, satisfacción sensorial). No obstante, esto no supone un impedimento tanto para Cainitas de rol dominante como sumiso a la hora de asumir esta forma líquida en una sesión. Participantes dominantes la utilizarán sobre una parte sumisa inmovilizada o igualmente vulnerable, recorriéndola como si de una masa simbiótica se tratara para explorar hasta el más profundo de sus recovecos y así saborearla y hacerse saborear entre espasmos y escalofríos. Aquellos vampiros que tengan roles sumisos, en cambio, la asumirán en fetiches de objetificación, convirtiéndose efectivamente en un juguete sexual en manos de su parte dominante para abrazarle, lamerle y estimularle según sus designios. No es extraño, pues, que a menudo la Forma de Sangre acabe mezclada con los fluidos sanguinolentos de los demás participantes, independientemente de su rol, extrayendo sustento de ellos o volviendo a la forma humanoide sólo para regocijarse en la obscena suciedad en la que se haya cubierto.

Los niveles avanzados de esta Disciplina forman parte de los más oscuros vicios y perversiones que pueden encontrarse en la comunidad BDSM vampírica. En el Sabbat los antiguos Tzimisce son lo bastante abiertos como para hacer alguna que otra demostración ocasional en mazmorras comunales, alimentando aún más la imaginería BDSM de Vicisitud. Transformar el dolor de las heridas en placer es posiblemente el más conocido y buscado, pero incluso sus demostraciones más horrendas -convertir la cara en un tentáculo devorador de sangre, transformar las entrañas en zarcillos móviles o intercambiar extremidades entre cuerpos- atraen a un ansioso público deseoso de ver en un escenario las fantasías que no quieren articular.

Viscerática

Por lo general, las Gárgolas no hacen mucho uso de su Disciplina característica dentro de ambientes fetichistas. Sus usos se aproximan ligeramente a los de Protean, a la hora de facilitar fetiches de tipo cazador y presa, los cuales no abundan entre las razonablemente moderadas Gárgolas BDSMitas. No obstante, la Disciplina sí se ha abierto camino hacia un puñado de Vástagos fuera de la línea de sangre, lo que ha permitido que estos poderes hayan encontrado su nicho entre las comunidades BDSM vampíricas más experimentales.

El primer y segundo nivel, que permiten camuflarse con el entorno y localizar a alguien dentro de una estructura respectivamente, están hechos a medida para los fetiches antes mencionados de cazador y presa. Ya sea una caza mutua o unidireccional, hacerse invisible con el entorno y poder rastrear a quien persigues allí donde esté confiere un aura de poder y omnisciencia muy excitante para aquellos Vástagos que disfrutan con el éxtasis de la huida. Se ha sugerido también, dentro del mundillo BDSM vampírico, el uso del segundo nivel para relaciones 24/7, con la parte dominante sabiendo exactamente dónde encontrar a su parte sumisa, pero la restricción a una única estructura lo limita demasiado como para resultar de utilidad más allá de un par de momentos puntuales.

Aquellos Vástagos que han alcanzado el cuarto nivel de esta Disciplina, la Armadura de Terra, aparte de encontrarse con la desagradable sorpresa de que su piel ahora tiene apariencia pétrea, se dan cuenta de que resisten mucho mejor el daño y el dolor. Para practicantes masoquistas del BDSM, esto puede resultar una bendición, ya que ahora pueden tolerar cantidades mucho más ingentes de castigo sin que causen perjuicio real… o una maldición, ya que la piel se insensibiliza al tomar la textura de la roca, sintiendo menos placer y menos dolor al tacto. Sólo aquellos vampiros que saben a lo que se atienen aprenderán voluntariamente este poder, y casi siempre será porque necesitan más su utilidad fuera del BDSM que dentro del mismo.


Podéis encontrar la primera entrega de la Guía de BDSM para Vampiros en este enlace. Podéis leer aquí la anterior entrega.

Cabecera e ilustraciones por Clara Dies. Podéis encontrarla (y contratar sus servicios como artista) en su Twitter, @diesclara, y su Instagram, @neminkaholic

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