Ambientación·Opinión

[Vampiro: la Mascarada] Guía de BDSM para Vampiros (I): el azote de la humanidad

Take another sip
Let it kiss your lips
And let a little drip on your thighs

-Alice Cooper, “Dangerous Tonight”

Dije una vez en esta página que si alguna vez decidía hacer un crossover entre mi abandonado blog de relatos eróticos y este blog de rol, empezarais a correr.

Pues si a estas alturas aún no habéis salido por patas es que sabéis a lo que os exponéis.

Rebuscando entre mis tuits sobre vampiros para ver qué ideas y memes podía rescatar para el blog, me topé con uno en el que mi humilde persona sugería la celebración de una orgía temática basada en Vampiro: la Mascarada. La idea -que de por sí es genial, si me permitís que me eche flores- me llevó a una conversación que acabó derivando en algo igualmente interesante: ¿cómo podrían aplicarse las Disciplinas vampíricas no ya al acto sexual, sino al BDSM?

El caso es que este tema ha resultado tener mucho más para hincarle el diente de lo que creía de buenas a primeras. Lo que empezó como una pequeña introducción a por qué vampiros y humanos no pueden practicar BDSM entre sí y aplicaciones BDSM de las habilidades y debilidades comunes a todos los vampiros, ha acabado siendo una entrada por derecho propio de casi seis mil palabras (os dije que huyérais y no me hicisteis caso). Así que esto va a ser la primera parte de una serie de entradas sobre vampiros y BDSM que incluirá aplicaciones de poderes comunes, estereotipos de cada Clan y secta con respecto al BDSM entre sus miembros y aplicaciones de Disciplinas específicas al ámbito erótico-festivo kinky.

Esta primera entrada cubre la problemática del BDSM entre vampiros y humanos, confianza y consentimiento entre vampiros, poderes y habilidades sobrenaturales comunes (colmillos, sangre, regeneración, absorción de daño) y el papel de las debilidades vampíricas principales (fuego, luz del sol, estacas) en las prácticas BDSM entre vampiros.

TW: Esta entrada contiene descripciones explícitas de escenas sangrientas y macabras y breves menciones a situaciones de abuso, aunque en este último caso para condenarlas y señalarlas como no éticas.

Nos parecemos, pero no somos iguales

Decir que existe una sinergia entre el mundillo BDSM y Vampiro: la Mascarada es quedarse corto; durante el diseño y desarrollo de las diversas ediciones del juego, éste bebió deliberadamente de las venas de la estética BDSM. Cuero, látex, correas y disciplina se usaron a la hora de inspirarse y representar tanto a los vampiros que forman parte de Mascarada como a las relaciones que se establecen entre ellos (para bien o para mal del BDSM, como hablaré más adelante). Tampoco nos engañemos: Vampiro: la Mascarada no fue el pionero a la hora de juntar estos conceptos, que ya podían verse en las novelas de Rice de forma más o menos explícita (y de las cuales el juego también bebió de forma casi descarada). Se han escrito ríos de tinta en lo que a novelas, relatos, libros, guiones y fanfics se refiere juntando BDSM y vampiros. No estoy contando nada nuevo. Tan sólo repitiendo los ecos de lo que vino antes.

Y es que el propio concepto del Beso, el eufemismo con el que los vampiros conocen el acto de alimentarse de la sangre de otra criatura, es fácilmente vinculable con los conceptos de sadomasoquismo. Es un acto en teoría doloroso para cualquiera que lo observe pero intensamente placentero para los participantes, comparado constantemente a lo largo del material escrito del juego de rol al éxtasis del acto sexual y el orgasmo. Adicionalmente, el acto final del vampiro tras alimentarse, lamer la herida para sanarla (y evitar tanto que la víctima se desangre como dejar rastro de la existencia vampírica), es comparable al aftercare de una sesión sadomasoquista, en el que la persona sádica atiende tanto física como emocionalmente a la persona masoquista, dando mimos, curando marcas o heridas, lavando a la persona, etc.

Y aquí vamos a hacer una pequeña parada. Porque, si os habéis fijado, en lo del beso he mentado el sadomasoquismo, pero no la dominación ni la sumisión, y a más de una persona menos entendida del tema esto podría resultarle extraño. ¿No asume acaso el vampiro el rol de dominante y su víctima el rol de sumiso?

Respuesta corta: no.

Respuesta larga: no, porque son pocos los vampiros que se alimentan de humanos que han accedido voluntariamente a actuar de alimento a sabiendas de todos los riesgos que tiene ese acto, y todos los riegos que tiene entregar tus venas a un mosquito tigre antropomórfico. Y si algo ha de tener toda práctica BDSM sí o sí o sí es consentimiento y confianza. No puede haber consentimiento si le has enganchado la carótida al primero que te has encontrado en un callejón, y no puede haber confianza si al nuevo jovenzuelo de tu rebaño no le estás mentando que si estás muy hambriento puedes perder el control y entrar en algo conocido como Wassail, Hambre Roja o frenesí por hambre en el que desangrarías hasta morir a todo bicho viviente que te encontrases. No hay semáforo ni palabra de seguridad que valga cuando la Bestia toma el control de un vampiro. Y eso, amiguis, no es BDSM.

El BDSM, repito, es consentimiento y confianza.

La cosa es que, por desgracia, muchos de los paralelismos que existen entre vampiros y BDSM son de las connotaciones negativas del BDSM, de todo aquello que no es o no se debe hacer porque es éticamente inmoral. Tomad, por ejemplo, el vínculo de sangre al que un vampiro puede someter a un mortal haciéndole beber su sangre: la persona pasa a admirar, amar y necesitar al vampiro de forma antinatural, tóxica, con el vampiro usando este falso amor o respeto para sus propios fines. Dichos fines no tienen por qué ser sexuales (de hecho, los vampiros usan habitualmente el vínculo de sangre como forma de garantizar la lealtad de alguien, para tener control político, social o económico sobre figuras o grupos prominentes de la sociedad o incluso para evitar que alguien que ya le es leal pueda ser manipulado o forzado al vínculo de sangre por un enemigo), pero si se usa para fines sexuales es, no nos engañemos, violación.

Y es que, en general, las relaciones entre vampiros y humanos son desiguales y esto es un hecho indiscutible. Uno es un depredador (o un parásito) y el otro es su presa (o su anfitrión), y no es ningún rol temporal del que se pueden desembarazar después para estar en igualdad de condiciones, no. Uno es la comida del otro. Y el otro tiene el poder sobrenatural suficiente, además de longevidad y conocimiento, como para mantener al uno subyugado a sus deseos y decisiones sin posibilidad de réplica. Y si alguien te intenta decir que esto es BDSM, CORRE. Y probablemente, denúnciale.

En igualdad de condiciones

Dicho esto, parecería que mi publicación sobre aplicaciones de los poderes sobrenaturales vampíricos en el BDSM no tiene mucho futuro, éticamente hablando. Todo lo contrario. Lo que he señalado más arriba es el error que no se debe cometer al representar ambos conceptos en sincronía. Humanos y vampiros no están en igualdad de condiciones. No puede haber, entonces, BDSM entre ellos. ¿En qué situación, pues, podría estar un vampiro en igualdad de condiciones en el BDSM?

Simple. Con otro vampiro.

El bicho que tienes delante es igual de resistente que tú, igual de paranoico que tú, igual de poderoso, versátil, peligroso y proclive a caer en un frenesí animalístico fruto de la Bestia. Es una criatura que puede romper con las manos desnudas casi cualquier atadura, que puede doblegarte con su fuerza de voluntad, cuya sangre es tan adictiva y sobrenaturalmente peligrosa como la tuya. Que tiene el mismo conocimiento sobre la condición vampírica, sus riesgos y habilidades que tú. Si conseguís establecer una relación de confianza y acordar vuestros límites y salvaguardas de seguridad, estáis en total igualdad de condiciones.

En realidad…

…la balanza de poder entre la persona dominante y la persona sumisa no debería ser completamente ecuánime, para ir bien. Una de las dos ha de tener más control, más poder y más capacidad de decisión que la otra, por pura lógica y sentido común. Y esta persona “al mando” ha de ser siempre la persona sumisa. Sí, la sumisa. ¿No resulta obvio? Es la persona sumisa la que ha de tener la última palabra y el veto sobre qué líneas se cruzan y cuáles no. Es la persona sumisa la que ha de tener el poder de cambiar, pausar o detener completamente una sesión BDSM. Es la persona sumisa la que se ve expuesta a un mayor riesgo potencial, físico o emocional, y por tanto es quien ha de dictaminar el ritmo y rumbo de cualquier relación BDSM. Quien se somete, decide. Y quien domina, acata.

A partir de aquí, y con todo esto ya aclarado, podemos decir que es todo juego y diversión. Los vampiros tienen un abanico de posibilidades sexuales fuera del coito y dentro del BDSM mucho más amplio que los humanos, empezando por los colmillos y acabando con sus poderes sobrenaturales únicos, conocidos como Disciplinas. Lo que sigue es, pues, una serie de hipótesis e ideas pseudoeróticas que pueden aplicarse (con consentimiento, no me cansaré de repetirlo) en las partidas de rol de Vampiro: la Mascarada, sea sólo por añadir un par de pinceladas subidas de tono o por establecer verdaderas relaciones BDSM entre personajes jugadores o no jugadores para profundizar el trasfondo de los mismos. Lo dicho: consentimiento. Si eres la persona narradora, avisa a las personas jugadoras de que piensas añadir estos elementos a la partida y pregúntales si les parece bien. Si eres una persona jugadora, pide permiso antes a quien esté dirigiendo la partida y consúltalo con tus camaradas de grupo para ver si les parece bien y ninguna persona se siente incómoda con la narración de dichas situaciones.

Muérdeme hasta que diga que pares

Colmillos. Si no se os ocurre qué se puede hacer con ellos de forma erótico-festiva, no pasa nada, os lo digo yo: morder. Morder es un acto tanto de dominación como de sublevación, un causante del placer y una consecuencia del mismo. En el caso de los vampiros, donde el Beso es de por sí un acto de placer similar al orgasmo, clavar los dientes en la carne del otro se considera casi un acto vainilla, más que de BDSM. Morder es la relación sexual para los vampiros, tan natural para ellos como es para nosotros -el nombre lo dice- besarse durante nuestro folleteo. No morderse podría verse como un acto de desconfianza o de miedo y un síntoma de que la relación no es sincera ni placentera para uno o ambos de los participantes vampíricos; y entre criaturas que pueden desgarrarse el cuello a dentelladas las unas a las otras, desconfianza y miedo equivalen a peligro y potencial desastre.

Ahora bien, acordar previamente no morderse es harina de otro costal. No morderse previo acuerdo entre dos vampiros dándose matraca no es confianza, es Confianza Absoluta™. Puede implicar un juego de disciplina y contención de impulsos, para una o ambas partes, mientras los participantes se tientan y tantean entre sí para provocarse mutuamente. Puede significar un conocimiento completo de las debilidades del otro y ser una restricción de seguridad, para evitar transmitirse enfermedades pero sabiendo que aún pueden disfrutar el uno del otro sin implicar la consumición mutua de sangre.

Poniéndonos dentro de la dominación y sumisión, el Beso podría usarse previo acuerdo como forma de determinar el rol de cada uno durante la sesión, asignándose de forma artificial los papeles de Depredador y Presa. El depredador “caza” a la presa, que podría fingir estar indefensa y dejarse morder, a la par que al depredador “subyuga” a la presa y evita que ésta la muerda a él. Aquí podría haber incluso un fingido “conflicto” previo, en el que ambas partes forcejean por determinar quién muerde a quién en una pelea que para ellos es erótica y rebosante de deseo porque está cargada con el riesgo mutuo del frenesí y la Bestia; en el caso de vampiros más acorde al rol switch (un rol ambivalente que tanto puede disfrutar dominando, como siendo dominado, dependiendo de las demás personas y la situación), esto podría ser prácticamente la norma al inicio de cada encuentro, siendo el individuo que muerda antes el que asuma el rol dominante durante el resto de la sesión o hasta que el otro switch decida poner a prueba dicho dominio.

Entrada 1-1

No nos engañemos, por eso, ni lo comparemos al acto sexual humano de morder. Nosotros podemos dejar marcas y hasta hacer heridas leves, previo aviso, cierto, pero donde nosotros tenemos dientes los vampiros tienen colmillos. Cuando los vampiros se muerden con deseo, la única palabra que lo define es macabro. No quiere decir que no sea erótico, pero es el erotismo de la sangre y la muerte lo que evocan estos encuentros. Gotas de sangre empaparán los cuerpos pálidos, otorgándoles un rubor dantesco mientras se dibujan mutuamente trazos carmesíes en la piel. Marcas de dientes y hendiduras abiertas de colmillos cubrirán las principales arterias y venas, así como zonas erógenas y órganos sexuales. Los gemidos se confundirán con gruñidos y rugidos, hasta el punto que será difícil saber si el humano o la Bestia quién está al mando de los participantes. Heridas se lamerán y cerrarán, otras serán mantenidas abiertas por la parte sumisa a petición de la dominante, y grotescos dibujos de puntos unidos por sangre decorarán los cuerpos fríos y sin pulso.

Rojo carmesí

Esto nos lleva, obviamente, a la Sangre, con mayúscula, de los vampiros. La Sangre no es sangre normal y corriente: es un fluido sobrenatural que contiene la esencia y el poder del vampiro, a la par que le mantiene vivo. La Sangre es espesa y densa; sin pulso que la mueva, las heridas no sangran con normalidad; ni siquiera la gravedad parece afectarle como debería dentro del vampiro, y se mantiene repartida de forma más o menos equitativa alrededor del sistema circulatorio del vampiro, en vez de caer y estancarse en la parte inferior del cuerpo como sugeriría la lógica. Por si esto fuera poco, con el paso de los años la Sangre acaba reemplazando todos los demás fluidos corporales del vampiro, desde el sudor a las lágrimas pasando por la saliva y los fluidos sexuales.

¿Qué implicaciones tiene esto? Pues, principalmente, estéticas. Un par de vampiros montándose una bacanal del mordisco acabarán enrojecidos, cubiertos de sudor y saliva rojizos, marcados por heridas que sangran muy ligeramente un icor entre granate y carmesí, que ofrece un contrapunto de color ante la palidez de la piel muerta y el rubor sanguino del resto de fluidos. No habrá charcos de sangre ni chorros direccionales de grandes arterias, pues no hay presión ni gravedad que los cree dentro del cuerpo del vampiro. Los juegos de sangre vampíricos rara vez implican gore, no sólo porque es complicado que lo hagan sino porque sería, además, una pérdida de valiosa Sangre absurda.

Pero “rara vez” no significa nunca. El Rubor de la Vida, la habilidad vampírica que permite hacer circular temporalmente la sangre alrededor del cuerpo y recuperar temporalmente un semblante de vida (pulso, respiración, capacidad de comer y capacidad para tener erecciones tanto de pene como de clítoris), permite montar auténticos esperpentos. Las heridas sangran y las arterias principales chorrean abundantemente si dichas heridas no se cierran. La sangre manará con fuerza y abundancia en este tipo de encuentros, y vampiros precavidos y bien preparados tendrán a mano reservas de sangre con las que recuperar la perdida en sus juegos BDSM. Si en el sexo humano aconsejan tener una botella de agua a mano, en el sexo sangriento vampírico dicha botella de agua serán un par de desafortunados humanos que, si no forman parte del rebaño de los vampiros, lo más probable es que al final de la noche acaben en una bolsa de basura dentro del contenedor de orgánico, completamente secos.

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Bueno, pero hasta ahora esto parece más bien sexo vampírico vainilla, ¿no? ¿Dónde entra la sangre a borbotones en el BDSM? Pues, bueno, mientras que la sangre ya forma parte del BDSM como fetiche con el que se tiene que ir con sumo cuidado y tomar todas las precauciones posibles, en los vampiros es una herramienta más, una de la que no tienen que preocuparse. Si tienen con qué rellenar sus reservas, es casi como gastar saliva, echas un trago y vuelta al turrón. Eso no quiere decir que no tenga aplicaciones, no obstante; es simplemente que aquello que los humanos denominamos blood play para los vampiros ni siquiera es un fetiche. Es un lunes por la tarde.

Cuando los vampiros quieren ponerse hardcore con la sangre, lo que hacen es explotar sus propias debilidades. Juegan con su hambre, con el control sobre su Bestia en un entorno en el que parece que hayan reventado a Pollock contra una pared. Imponen restricciones a la parte sumisa, dejándole probar sólo unas pocas gotas de sangre, quizás de sus “cartones de zumo”, quizás de la parte dominante, sólo cuando “se portan bien” y cumplen “adecuadamente” las órdenes de la parte dominante. Quizás se desangren mutuamente en un contenedor ya lleno con la sangre de humanos, para después “asfixiarse” dentro de dicho contenedor mientras experimentan el Rubor de la Vida, ahogándose a la vez que se alimentan de un cóctel sangriento con el sabor de ambos. Quizás usen el Rubor de la Vida para poder practicar el coito mientras una o ambas partes se desangran, abriendo y cerrando heridas intermitentemente en un acto de salvajismo y grotesca pasión.

La sangre vampírica tiene un pequeño inconveniente, por eso: los vínculos de sangre. Aunque una noche de juegos de sangre con otro vampiro sólo contaría como un “trago” a efectos del vínculo, sólo hacen falta otro par de noches diferentes más del mismo tipo para llevarlo a su máximo (y tóxico) exponente, donde la criatura ya no puede vivir sin la presencia del vampiro que le proporcionó la sangre. Y privar a alguien de su libre albedrío choca bastante con todo el tema del consentimiento y confianza. Y tal. Pero los vampiros llevan suficiente tiempo dándose caña como para no haber encontrado soluciones parciales a este dilema.

La primera y más eficaz es formar parte del Sabbat. Uno de sus rituales, el Vinculum, crea un vínculo de sangre conjunto con todos los vampiros de la misma manada, inmunizándolos al resto de vínculos de sangre en el proceso y dándoles virtualmente rienda suelta a la hora de beber la sangre de cualquier vampiro. Está la movida de que tienes que ser del Sabbat, lo cual no es del gusto de todos los paladares, especialmente los más humanitarios; y también lo de que estás vinculado con diversa intensidad a un grupo entero de vampiros con el que a lo mejor no te llevabas bien originalmente, pero bueno, son gajes del oficio.

La segunda y más obvia opción, especialmente si se tiene plena confianza el uno en el otro (o ambos quieren forzar esa confianza mutua en el otro y ambos están de acuerdo con ello, que no dejan de ser vampiros) es vincularse con sangre mutuamente. Es decir, si no hay mucha alternativa al vínculo de sangre, pues mejor tirarse de cabeza con ello ambos al mismo tiempo, ¿no? Tres tragos mutuos en tres noches y el uno no podrá vivir sin el otro y confiarán mutuamente a niveles que los humanos no alcanzan a comprender. ¿Problemas? Uy, muchos. Para empezar, está el hecho de que para tener un poco de diversión segura BDSM tienes que hacer el equivalente a un matrimonio sobrenatural con la otra (u otras) persona implicada, algo que podría incluirse en el diccionario de Oxford al lado de la palabra overkill. Luego está el tema que el vínculo de sangre atonta bastante tu libre albedrío y capacidad de tomar decisiones en lo que a la otra persona implicada respecta: el uno no puede vivir sin el otro es el sentimiento que define un vínculo mutuo de sangre. La espiral de satisfacción mutua y deseo de complacer a la otra persona pueden llevar a los vampiros vinculados cuesta abajo y sin frenos en un coche sin ruedas, ni chasis, ni volante con un acantilado al final de la carretera. Es innegable que las relaciones BDSM de los vinculados serán la cosa más intensa, pasional y llena de deseo que haya pisado una mazmorra desde el principio de los tiempos, pero están atravesando terreno pantanoso. Ese amor artificial puede convertirse en locura, violencia y venganza con suma facilidad. No sería la primera vez que uno de los vinculados acaba siendo plenamente diabolizado por el otro, voluntariamente, en un momento de éxtasis y malsano amor infinito.

¿Cuál es la tercera vía? Bueno, pues que si la intención es incluir en vuestras partidas o relatos este tipo de relaciones de forma relativamente habitual, la persona Narradora puede ser flexible y hacer las normas del vínculo algo más laxas. Quizás el vínculo no pueda realizarse de forma involuntaria y necesite que el vampiro que proporciona la sangre activamente quiera crear un vínculo con el otro vampiro, por ejemplo. El peligro de los vínculos forzados en otras situaciones sigue ahí y no altera la dinámica del juego, pero permite que los personajes vampiros se pongan tontorrones y disfruten de sus sangres todo lo que quieran el resto de la eternidad. Otra opción sería añadir más pasos a este tipo de vínculo: quizás el consumir la sangre de la persona que has vinculado reduce la intensidad de su vínculo, en vez de reforzar el vínculo que sientes hacia la misma. O quizás a cada trago mutuo de sangre cuesta más avanzar al siguiente paso, como si la sangre se resistiera a enlazarse mutuamente con tanta fuerza, requiriendo el doble de tragos que en el paso anterior (uno en el paso uno, dos en el paso dos y cuatro en el paso tres). La regla de Oro de los juegos de Mundo de Tinieblas es que si las normas entorpecen de alguna manera el juego, cámbialas. Lo importante es divertirse. ¿Quieres tener una partida de rol de Vampiro muy BDSM y mucho BDSM, sin preocuparte con los vínculos de sangre? Pues cámbialos, o envíalos a la porra. Ya tienen bastantes complicaciones los vampiros practicantes de BDSM.

¿Este brazo es tuyo o mío?

Y ya que hemos hablado de heridas que se abren y se cierran, abramos el melón sobre el inmenso filón sadomasoquista que supone que los vampiros puedan regenerar prácticamente cualquier herida, inclusive partes del cuerpo perdidas. Los vampiros pueden absorber daño de tipo letal (causado por armas blancas, vehículos a gran velocidad, etc.) con la misma facilidad que el contundente, y sus heridas se regeneran en cuestión de segundos gastando puntos de Sangre. Si a un grupo de vampiros les va lo verdaderamente macabro cuando se ponen tontorrones, pueden armarse mutuamente auténticos cristos sin que haya ninguna consecuencia real. Y tan panchos.

Y con macabro me refiero a verdaderamente macabro, al más puro estilo película gore de tripas e higadillos. ¿Queréis realizar un montaje bondage usando las propias tripas de la persona sumisa o de la dominante? ¿A la persona sumisa le gusta ser parcialmente devorada por la dominante tras un rol de cazador y presa por un edificio abandonado? ¿Sois del tipo de vampiros que cree que el cuerpo tiene pocos orificios para vuestro gusto? ¿Os parece que es tontería usar cuerdas para las suspensiones cuando hay piel de sobra? ¡Adelante! Con que volváis a meterlo todo dentro y tengáis sangre suficiente para cubrir la gastada regenerando las heridas, el límite es vuestra siniestra imaginación.

Humanidad e higadillos

Vale, reconozcámoslo, quizás sí que haya un límite de lo que dos vampiros sadomasoquistas con consentimiento mutuo pueden llegar a hacerse el uno al otro pese a su regeneración: la Humanidad. Quizás para el Sabbat esto no sea un problema demasiado grave, pero los vampiros de las demás sectas aún usan la Humanidad como baremo moral y ético de sus acciones con el que mantener a raya a la Bestia. Hacerse nudos marineros con tus propias tripas, por divertido y consentido que pueda ser, está demasiado próximo a lo que la Bestia que cada Vástago lleva dentro considera divertido y lícito. El hecho que sea consentido atenúa ligeramente el impacto de dichas acciones en la brújula moral de los participantes (quizás podrían considerarse un nivel por encima de lo que normalmente se consideraría dicha transgresión contra la Humanidad, por ejemplo), pero sin duda alguna la afecta y la persona Narradora debería asegurarse que así ocurre. Mezclar los propios fetiches con los deseos y vicios de la bestia es un camino seguro a la pérdida de Humanidad, y a más macabros se vuelvan los encuentros de los participantes, más su Bestia tomará el control en estos actos. ¿Te parece ya bastante aterrador un vampiro en frenesí? Pues ahora imagínate a dos vampiros en frenesí… fornicando.

En general, la capacidad de regeneración vampírica y su resistencia al daño físico amplía muy extensamente los límites de lo que es posible y divertido en las prácticas sadomasoquistas vampíricas. Ni siquiera hace falta ponerse al nivel de La Matanza Caníbal de los Garrulos Lisérgicos explicada más arriba para tantear y disfrutar de la curación sobrenatural vampírica. A discreción del Narrador, de hecho, los vampiros podrían infligirse heridas que no causasen daño real, fruto de su capacidad de absorción de daño letal, si una herida realizada con motivos sexuales resulta que no inflige puntos de daño porque la parte receptora, simplemente, los ha absorbido todos. La hoja podría atravesar o cortar la carne del vampiro limpiamente, sin tocar ningún músculo, órgano o tendón importante, sin causar siquiera dolor, mientras ambos participantes se miran fijamente a los ojos y hurgan (muy literalmente) en lo más profundo de sí mismos; en estos casos el narrador también debería permitir cerrar la herida automáticamente y a voluntad sin gasto de Sangre, puesto que, en realidad, no hay puntos de daño a sanar.

Entrada 1-3

La absorción completa del daño de una herida letal puede tener más interpretaciones que esa, dentro del BDSM. Un vampiro que ejemplificara el rol de brat dentro de la relación BDSM podría aprovechar la situación para ponerse chulo y contestar y replicar con intención de provocar a la persona que le está dominando. En otro caso la parte sumisa podría susurrar un “más fuerte, por favor”, aprovechando el pequeño accidente para incrementar el éxtasis y deseo de la persona dominante, además del suyo propio. Con otro par de participantes diferente, quien podría tomar las riendas de dicho fallo podría ser la parte dominante, justificando a la parte sumisa y masoquista que para ganarse su preciado dolor primero ha de demostrar que merece dicho premio.

Y no todo tiene que ser serio, sublime, pomposo y edgy. El BDSM es diversión, al igual que el sexo, y las estupideces, las risas y las metidas de pata inofensivas son tan comunes como hilarantes y divertidas para todas las partes participantes en la sesión (porque, recordémoslo: hay confianza). Un intento de azote con un flogger en el que no sólo no se causa ningún daño, sino que al flogger se le parte el mango, es motivo más que suficiente para que los vampíricos participantes del juego se descojonen, súbitamente conscientes de que necesitan subir la intensidad ahora que ya no son humanos. Un cuchillo que no consigue cortar la piel podría dar lugar a un chiste sobre llamar al afilador. Algunos de estos chistes pueden incluir ligeras provocaciones, incluso, manteniendo el erotismo del momento, pero una buena carcajada, incluso entre parásitos centenarios sedientos de sangre, puede ayudar a disipar la tensión del momento (calmando a la bestia en el proceso) y reforzar el vínculo de los vampiros participantes.

Pínchame donde me duele

Algo que suele manejar el BDSM (de nuevo, previo consentimiento) a la hora de crear morbo, tabú y excitación entre sus participantes es explotar las debilidades ajenas -frecuentemente dirigido hacia la parte sumisa, pero a veces también hacia la dominante para provocar, tantear o fingir sublevación, por ejemplo. En humanos estas debilidades pueden tomar muchas formas, desde las clásicas cosquillas hasta el riesgo de ser pillados o expuestos en pleno fornicio, pasando incluso por alguna bebida o postre preferido. Pueden ser ligeras (obligar a la parte sometida a no dejar de contar chistes mientras está siendo estimulada) o duras (rascar una pizarra con las uñas mientras la otra parte está inmovilizada).  Pueden ser físicas (las cosquillas) o mentales (deshacer el resultado de una tarea que la parte dominante hizo que la parte sumisa realizara). Pero siempre explotan un punto débil, algo que nos afecta o saca de nuestras casillas dentro de un entorno seguro, controlado y que se puede detener en cualquier momento.

La palabra de seguridad es “antediluviano”

Si los humanos implementan sistemas de seguridad para prevenir o detener riesgos potenciales durante las sesiones BDSM, para los vampiros esto es doblemente importante. Estas medidas de seguridad pueden tomar muchas formas: palabras de seguridad sobre conceptos totalmente fuera de contexto en una sesión BDSM para detenerla en el momento que se pronuncian; o”semáforos” con los que ambas partes pueden comunicarse de forma rápida y sencilla sobre el progreso de la sesión o si debe tomar otro rumbo o detenerse por completo, dependiendo del color pronunciado (verde es seguir, amarillo es cambiemos a otra cosa pero no detengamos la sesión y rojo es parar por completo y pasar a cuidados). Entre los vampiros, no obstante, también existen ciertas ventajas que les permiten comunicarse sobre el estado de la sesión incluso cuando están más desatados que nunca. Aparte de ciertas Disciplinas (que ya trataré en otra entrada), el método más obvio de comunicación es la regeneración. Dos vampiros pueden acordar que regenerar una herida en concreto o todas a la vez de forma deliberada o espontánea equivale a detener la sesión y atender a cualquier necesidad de la parte que necesitaba parar, consiguiendo un nivel de comunicación no verbal que ningún humano podría aspirar a tener jamás. La “herida de seguridad” sería un buen método de aviso entre chupasangres sadomasoquistas, siendo normalmente algún tipo de corte o marca o bien muy vistosa, o bien ubicada en una parte del cuerpo a plena vista (el pecho, el hombro, la frente, el cuello, etc., dependiendo de los gustos y de lo que se fuera a practicar en dicha sesión).

La cosa es que, cuando hablamos de vampiros, las debilidades toman un cariz mucho más peligroso y fatal. Los mismos puntos débiles físicos, sociales y mentales que usan los humanos pueden perfectamente provocar frenesíes de rabia en los vampiros, si se formulan mal o uno de los participantes se pasa accidentalmente de la raya, haciendo peligrar la seguridad e integridad de todas las partes involucradas en la sesión BDSM. Si además se añaden a la fórmula las debilidades sobrenaturales de los vampiros, bueno, es como meter nitroglicerina en una coctelera y rezar para que el barman acabe la noche con manos. Fuego, sol, estacas y daño agravado ponen nerviosos a los Condenados en cualquier situación, y el estrés y el terror son una invitación VIP para que salga la Bestia a pasear. Un grupo de vampiros en una relación BDSM sólo decidirán hacer uso de sus debilidades sobrenaturales como fetiche erótico si y solamente si hay una confianza férrea entre todos ellos. Lo cual, aunque inmensamente inusual, no es imposible.

Meter fuego en las prácticas sadomasoquistas vampíricas es literalmente, jugar con fuego. Es sencillo de crear y obtener, pero difícil de controlar, dependiendo de la escala de la llama, ya que puede propagarse con facilidad. Los vampiros que quieran introducirlo en sus relaciones BDSM empezarán con quemaduras o llamas pequeñas, no más grandes que la de un mechero, en zonas que la parte masoquista puede ver y tiene al alcance de la mano y sin ningún tipo de restricción o atadura que pueda impedir el movimiento de la parte masoquista (por si quisiera retirarse en cualquier momento). Prácticas previas, como la humana cera caliente, pueden ser un buen calentamiento (je) para acostumbrarse a la sensación de calor y ligera quemadura, educando a la bestia para que sepa que no tiene motivo para tomar el control en estas situaciones. A partir de aquí, el crecimiento de intensidad debería ser muy gradual y moderado, nunca llegando al punto de causar más de un punto de daño agravado y jugando más con la posibilidad de sentir dolor por fuego que sufriendo dolor en sí. Obviamente, para gustos los colores, pero pocos vampiros encontrarán excitante que les acerquen una antorcha al culo y aún menos tendrán la voluntad necesaria para que les pongan dicha antorcha y no entren en Rötschreck, despedazando cualquier obstáculo a su paso mientras huyen.

El Sol. No. Punto. No, en serio. Sólo sale el sol durante el día, en el momento en que todos los vampiros están letárgicos y sin un buen control sobre sí mismos, y no puede controlarse ni apagarse con un sistema antiincendios, como el fuego. El Sol no puede administrarse en pequeñas gotas o haces excepto con instrumental muy inusual, caro y preciso (de lo que ya hablaremos en futuras entradas, por cierto). El Sol es la destrucción final para los vampiros. No. Incluso con consentimiento, acabaríais con entre uno y dos montoncitos de ceniza grasienta en mitad de un montón de arneses de cuero y látex vacíos y muy elaborados. Y posiblemente dos zapatos humeantes.

¡Estacas! Cielo santo, os va lo hardcore, gente. No entraña tantos riesgos como el Sol o el fuego (la estaca no destruye a los vampiros, sólo los paraliza, al fin y al cabo), pero necesita de una confianza previa casi infinita y un montón de salvaguardas de seguridad acordadas previamente. El vampiro estacado no puede moverse ni comunicarse de ninguna forma, por lo que no puede avisar a la parte dominante del proceso que quiere detenerlo, en el caso que entrara en pánico y desease parar nada más ser estacado. Por tanto, es un proceso que, de incorporarse a las relaciones BDSM vampíricas, debería hacerse siempre en intervalos muy cortos y controlados, preferiblemente con reservas de sangre a mano para regenerar las heridas y alimentar a la parte estacada y quizás con un tercero listo para entrar a ayudar a la persona estacada o a la persona estacadora por si tuviera algún problema durante el proceso de inserción o extracción de la estaca (amiguis, clavar una estaca en el corazón es muy complicado, como bien dicen las reglas de Vampiro: la Mascarada). Lo que se haría durante el rato que el vampiro estuviese estacado también se acordaría de antemano (los vampiros son más o menos conscientes de lo que pasa a su alrededor cuando quedan paralizados por una estaca, al fin y al cabo), eso por descontado, y la tercera persona presente debería tener veto para parar la sesión y quitar la estaca si creyese que no se está cumpliendo lo pactado previamente o que el tiempo ha sido excedido.


Y esto es todo por hoy. Démonos una ducha fría, ponderemos las curiosas ideas que se nos han ocurrido con nuestros personajes y consultemos con la almohada a qué PNJs de nuestra ambientación favorita les iría este rollo, y qué roles tendrían. Yo seguiré escribiendo y pensando sobre morbo con colmillos y prometo volver pronto con más ideas, sugerencias y dibujitos sobre las cosas que puedes hacer cuando te va el BDSM y tienes toda la eternidad para explorar las aplicaciones de tus nuevos y curiosos poderes.

Y bueno, si queréis leer sobre más cosas BDSM, os vuelvo a recordar que tenéis mi otro blog sobre relatos eróticos. Conprad mis produtos.

Cabecera e ilustraciones por Clara Dies. Podéis encontrarla (y contratar sus servicios como artista) en su Twitter, @diesclara, y su Instagram, @neminkaholic

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