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[Vampiro: la Mascarada] Guía de BDSM para vampiros (III): Líneas de Sangre y otras conspiraciones

I’m dangerous, I’m a dying breed
Poisonous like a centipede
I’m capable of the foulest deed
Dangerous at night

-Alice Cooper, “Dangerous Tonight”

Clanes y Sectas no son las únicas camisas de once varas en las que puede intentar meterse un vampiro. Por encima de las Sectas, macro-conspiraciones y cultos del fin del mundo intentan tirar de las cuerdas (je) de las Sectas existentes, llevándose el supuesto mérito de las acciones de éstas y vanagloriándose de ser los artífices de su creación, pero estando igual de maniatados (je) que el resto de sus rivales mediante infiltraciones, agentes dobles y tretas inverosímiles. Más allá de los Clanes, la vitae vampírica ha demostrado tener una capacidad de mutación y adaptabilidad impresionante, generando líneas de sangre con acceso a poderes completamente diferentes y acarreando debilidades aún más extrañas que los de su Clan padre. Por si fuera poco, no está muerto aquello que yace eternamente, y los Clanes que se creían antaño muertos aún hollan la tierra, relegados a linajes menores a la espera de retomar su supuesto legítimo lugar en la sociedad vampírica.

Y como al resto de sus compañeros de eternidad, el BDSM acaba llamando a su puerta, preguntando si quieren colaborar en la colecta vecinal para un nuevo potro de cuero de búfalo.

TW: Esta entrada contiene descripciones explícitas de escenas de sexo fetichista y escenas sangrientas y macabras, sin menciones de genitales. También contiene breves menciones a situaciones de abuso, aunque señalando siempre la ausencia de ética en todas ellas.

Todos estos grupos minoritarios, sean de sangre o de afiliación, comparten dos complicaciones principales, en conjunto o por separado: secretismo y números. Las conspiraciones, así como algunas líneas de sangre, no existen oficialmente de cara al público vampírico mayoritario, sea por mera supervivencia o por lo extraño, macabro o absurdo de sus motivaciones. La mayoría de las veces sus miembros tienen que hacerse pasar por otros Clanes o Sectas, y una buena máscara se mantiene tanto en público como en privado: estos vampiros imitarán las costumbres BDSM comunes del resto del grupo infiltrado, en el caso de estar interesados en sus prácticas, ya que necesitan destacar lo menos posible para poder hacer avanzar su agenda sin levantar sospechas. Esto les limita, pues, a sólo poder ser ellos mismos con otros vampiros de su grupo, lo que nos lleva a la siguiente problemática mencionada… los números. Especialmente para el caso de las líneas de sangre y Clanes menores, la cantidad de vampiros del mismo linaje es escasa, y la mayor parte del tiempo un Vástago de dicho grupo conocerá a su sire y poco más, limitando considerablemente el número de personas con quien puede explorar sus particularidades dentro del BDSM. En algunos casos, puede haber tan pocos miembros de dicho linaje que el concepto de “cultura BDSM” dentro del mismo no tiene sentido, porque no existe. En esos casos, cada vampiro es su propio mundo y sus gustos derivarán con más fuerza de sí mismo que de la pertenencia a un linaje.

Conspiraciones

Las conspiraciones son Sectas como la Camarilla o el Sabbat cuya membresía es básicamente secreta y, casi siempre, por invitación. Para el resto de Sectas son poco más que leyendas y rumores, el terror del cazador cazado y el titiritero que es en realidad marioneta. Están por encima de todo y de todos, y sus metas son mucho más oscuras y trascendentes que los insignificantes conflictos por el poder efímero en los que el resto de grupos se sumergen.

El BDSM, de interesarle a sus miembros, es probablemente porque ya formaba parte de sus aficiones antes de la membresía en el nuevo grupo. Son contadas las excepciones de vampiros que pertenecen a estas Sectas desde su Abrazo, y por tanto es igualmente extraño que sus prácticas BDSM se hayan visto influenciadas únicamente por la filosofía de estos grupos. Incluso de ser así, muchos se pasan el bastante tiempo infiltrados en otros grupos como para que sea difícil no recibir fuertes influencias exteriores en lo que a gustos se refiere. En otras palabras: sus fetiches, opinión y logística BDSM incorporarán las mismas preocupaciones y puntos de vista que la Secta pública en la cual se mueven habitualmente, formando una paleta de colores bastante variada y quizás sorprendiendo a otros miembros de su misma conspiración secreta en sus encuentros íntimos. Son pocas las ocasiones en las que dos vampiros que se mueven en Sectas diferentes pueden ponerse literalmente contra las cuerdas y disfrutar de los vicios y saborear las vergüenzas del grupo contrario.

Tal’Mahe’Ra: a mí me gustan mayores

La Tal’Mahe’Ra, también conocida como la Verdadera Mano Negra, es un culto apocalíptico que venera a los antediluvianos (los vampiros que fundaron los actuales Clanes, para entendernos) y, en teoría, actúan como sus agentes en la tierra para llevar a cabo su ascensión, despertar y dominio sobre el mundo conocido. Y, la verdad sea dicha, la cosa les va tirando a fatal. El culto está actualmente hecho pedazos y sin propósito, pues tras el breve despertar y posterior destrucción del antediluviano Ravnos allá por 1999 se dieron cuenta de que los antediluvianos para los que en teoría actúan ni siquiera saben de su existencia. El equivalente apocalíptico a que el jefe no sepa el nombre del becario que le trae el café -para ser concretos, que el jefe ni siquiera sepa que había alguien trayéndole el café por las mañanas, porque ni siquiera está en la oficina.

Esto no ocurrió así

Según Vampiro: la Mascarada Edición 20 Aniversario (V20 a partir de ahora para abreviar), el evento conocido como la Semana de las Pesadillas en el que el antediluviano Ravnos dejó el plano astral de la actual Bangladesh para asfaltar es completamente opcional, ofreciendo alternativas diversas a esos hechos. El destino de la Tal’Mahe’Ra depende en gran manera de este evento y sus consecuencias, por lo que si en vuestro canon habéis asumido otro curso de los acontecimientos, la situación de la misma podría no ser tan grave. En todos los casos en los que sucede la Semana, podéis asumir para abreviar que la Verdadera Mano Negra tendrá la actitud aquí descrita hacia el BDSM debido a su ruptura. Si, en cambio, asumís que Zapathasura nunca despertó ni obligó a medio mundo asiático sobrenatural a bombardearle nuclearmente en repetidas ocasiones para acabar con él, la opinión del BDSM de la Tal’Mahe’Ra no será tan decadente y mucho más exultante. En lugar de montar los pedazos de sus creencias alrededor del mismo, los miembros de este grupo habrán construido su BDSM alrededor de la Tal’Mahe’Ra, tomando aspectos místicos y rituales similares a los de los Seguidores de Set, aunque ligeramente más fatalistas y con Nigromancia y la muerte de por medio, literal y metafóricamente.

Esta movida ha desmontado un poco las esperanzas de la verdadera Mano Negra, que hoy por hoy está fragmentada y pensando qué hacer con todas esas cajas de tazas con el mensaje “Para el mejor antediluviano del fin del mundo” que hicieron en un arrebato. Los placeres “básicos”, por así decirlo, han tomado un papel más importante en sus no-vidas, en busca tanto de algo con lo que matar el tiempo como de alguien con quien conectar a un nivel más íntimo. Sin pilares filosóficos ni religiosos en los que volver a construir sus expectativas, los resquicios de su culto se reconstruyen como pueden alrededor de aquello que el vampiro tenía y disfrutaba, haciendo el BDSM de cimientos y columnas. Si nadie se interesa en ellos, entonces son ellos los que deben preocuparse y centrarse en sí mismos. Sadomasoquismo salvaje y desatado inspirado por un fin del mundo en el cual no tienen ningún papel; juegos de roles encarnando a diversos antediluvianos con máscaras rituales en los que su antiguo amo es sometido, dominado y torturado hasta admitir la existencia del vampiro; o a la inversa, sesiones de sumisión en las que, encarnando el dominante el papel de antediluviano, la persona sometida llama la atención de éste para que sea consciente de su presencia, de su deseo de satisfacerle, de la pasión abnegada del que sirve y sufre y disfruta de esta indiferencia por parte de un ser superior.

Y es que la fascinación por los antediluvianos rara vez desaparece del todo, sea convertida en odio y frustración, en indiferencia o en deseo y sumisión. Tiñe de diversas tonalidades carmesí el morbo y los fetiches del Vástago, que a menudo acaba convirtiendo cada sesión en el crudo avatar de una de las figuras de leyenda que fundaron los Clanes. Aquellos que veneran a Arikel llevarán a cabo en sus sesiones espectáculos de impresionante belleza sensorial, deleitando los sentidos con placer y confort. Aquellos inspirados por Ventru convertirán la disciplina, dominación y aprendizaje en la columna vertebral de sus fetiches, forjando (o siendo forjados) a sus partes sumisas en lo que ellos consideran la perfección y la nobleza superiores. Aquellos que adoren a Absimilliard se regodearán en la culpa, la vergüenza y la humillación, en la fortaleza y regocijo, en su vicio y monstruosidad, en los placeres prohibidos de la carne corrupta.

Inconnu: no es un hobby, es una forma de vida

El Inconnu, como la Tal’Mahe’Ra, no existe. De hecho, se encargan de no existir más que la Tal’Mahe’Ra, ya que su filosofía es precisamente una ausencia total de interés en el conflicto global vampírico conocido como la Jyhad, sustituido por la búsqueda de trascendencia personal y sobrenatural: el mítico estado de la Golconda.

Pese a su escasez en números y total secretismo, además de una falta casi total de organización central, esta búsqueda del nirvana vampírico implica que interactuarán con relativa frecuencia con otros miembros del Inconnu y experimentarán consigo mismos de mutuo acuerdo. El BDSM, que no anda muy lejos de ese pensamiento, se filtrará rápidamente por las rendijas para convertir la experiencia de llevar el propio cuerpo y sus capacidades al límite en un estado de placer y éxtasis. El simbolismo de convertir algo “negativo”, como el dolor, en algo “positivo”, como el placer, tiene demasiados paralelismos con la búsqueda de la Golconda y superar la maldición vampírica como para que estos monstruos centenarios no se hayan dado cuenta. Una relación BDSM entre Inconnu, pues, será un intercambio de límites y “quizases” a explorar y ampliar, una ordalía casi sagrada donde el fuego, el sol, el hambre y la Bestia se enfrentan una y otra vez en forma de bacanal para ser derrotados. Ninguna sesión será completamente exitosa en este cometido, pero todas contienen alguna pequeña victoria: un ápice de excitación al contacto de la piel con el implacable Sol, un frenesí detenido en el momento justo para alcanzar el orgasmo, una llama aplicada a la carne muerta que, por un momento, no causa terror, sino deseo.Entrada 3-3

El Inconnu rara vez se comunica con vampiros fuera de su Secta excepto para lo absolutamente necesario, y el BDSM no suele entrar dentro de esa categoría. Cuando lo hace, es porque el “extraño” es un candidato potencial al Inconnu o está a las puertas o bien de darse cuenta de la futilidad de la Jyhad, o bien de encontrar el camino a la Golconda. En estas situaciones, el BDSM es una herramienta para dar el empujón final al otro vampiro para alcanzar el momento de iluminación. Las formas atenuadas de control erótico del frenesí son lo más habitual, como un artefacto que permite emitir pequeñas cantidades de luz solar de forma localizada para realizar pequeñas quemaduras en mitad de la noche formando símbolos místicos. O, por ejemplo, convertir el hambre del vampiro sediento en una sesión de orgasm denial cuyas condiciones (previamente pactadas) consisten en renegar de varios principios de la Secta a la que pertenece, de forma aparentemente ficticia. El Inconnu, pun plenamente intended, hará daño donde duele, pero siempre de una forma agradable y tentadora. Pinchará al vampiro para hacerle ver las verdades incómodas de la sociedad a la que pertenece y le enseñará pequeños destellos de la luz que hay más allá del túnel. Lo mimará y castigará en la justa medida para que, por voluntad propia, acabe pidiendo más.

Líneas de Sangre

Si la vida se abre camino, la no-vida también. En repetidas ocasiones, la sangre vampírica ha demostrado ser capaz de mutar, cambiar y adaptarse a su entorno, sea éste social, físico o mental Los Clanes han demostrado no ser estructuras completamente monolíticas ni invulnerables, además, y varios de ellos fueron completa o parcialmente destruidos en el pasado, sustituidos por un linaje floreciente que demostró tener más potencial que el Clan existente. Todos estos linajes y grupúsculos con habilidades y debilidades sobrenaturales diferentes a los Clanes principales se conocen simplemente como “líneas de sangre”, y rellenan los huecos que los trece grandes Clanes no pueden (o no saben que pueden) llenar.

Más allá de lo hablado anteriormente sobre números y secretos, las líneas de sangre presentan dos particularidades propias que influencian el modo en el que interactúan con el resto de la sociedad vampírica y, por extensión, a sus relaciones BDSM: si su linaje es motivo de orgullo o de vergüenza. Las líneas de sangre de orgullo son aquellas que, tras su creación, fueron alabadas, envidiadas o aceptadas por el resto de sus camaradas chupasangres: quizás su formación fue un logro científico y sobrenatural por parte de un fundador capaz y arriesgado, o son los últimos miembros de un linaje que fue arrasado por una catástrofe accidental o fuera de su control. En estos casos, los vampiros de estos grupos pueden actuar con normalidad dentro de las estructuras sociales existentes o incluso recibir un trato especial entre sus congéneres, sea por respeto, curiosidad o la novedad. De introducirse en la esfera BDSM local, lo más probable es que aquellos que sepan de su extraño linaje muestren un morboso interés en el vampiro, no sólo por el hecho de compartir gustos sino por el fetiche de lo exótico, desconocido e inesperado. Esto también acarrea sus desventajas, como el exceso de atención para un vampiro que quiere pasar más desapercibido o es simplemente tímido (algo que a las Arpías de cualquier dominio les gusta explotar), por ejemplo. Aún peor, dicho interés exacerbado podría ser sólo pasajero, con los vampiros que antes perseguían al recién llegado dispersándose en la niebla una vez han probado el nuevo postre del menú y dejando al pobre extraño sin nadie en quien poder confiar de verdad más allá del simple escarceo.

A aquellas líneas de sangre que son motivo de vergüenza estos inconvenientes les parecen de risa, en comparación. Sus linajes son repudiados, temidos o incluso perseguidos, y aquellos que gocen de un lugar en el status quo vampírico probablemente lo conserven por pura conveniencia por parte de la facción mayoritaria implicada (como falta de mano de obra o necesidad de sus extrañas habilidades sobrenaturales). En estos casos es frecuente que sus miembros se hagan pasar por vampiros de sus Clanes “padre” o de Clanes similares en habilidades o modus operandi, escondiendo todo lo posible quiénes son y qué pueden hacer. Cuando no esconden quiénes son, les resulta extremadamente difícil entablar una relación tan íntima como el BDSM con otro vampiro que no sea de su misma línea de sangre, que por lo general huirán del individuo como si tuviera la peste negra. Las excepciones existen, no obstante, y suelen dar lugar a romances y amistades si no inquebrantables, ciertamente duraderos. Cuando la confianza escasea, aquella que se consigue es valiosísima y cuidada como oro en paño, y sus relaciones BDSM sin duda explorarán los límites conjuntos de los inusuales poderes y condición del vampiro que pertenece a la línea de sangre.

Sólo como apunte con respecto a las líneas de sangre que he escogido para la lista de más abajo: son todas las que están, pero no están todas las que son. Hay una cantidad muy considerable de linajes y subgrupos dentro y fuera de cada Clan, demasiados para hacer un análisis exhaustivo. He seleccionado las que considero principales, más conocidas o más importantes dentro del desarrollo de acontecimientos del lore, para abreviar, y en algunos casos dichos grupos ya han sido mencionados en la entrada sobre los Clanes (como las castas Assamitas o los Pander). De hecho, ni siquiera les he dado el mismo trato a todas, ya que el concepto del BDSM dentro de ese grupo puede no tener sentido, sea por filosofía o cantidad de miembros. Si echáis en falta alguna, estaré encantado de que la mencionéis en los comentarios y digáis por qué creéis que merece tener una explicación de su culturilla BDSM (o cuál creéis vosotros que sería dicha culturilla).

Ahrimanes

Dos linajes han llevado a lo largo de la historia al nombre de Ahrimanes, ambos han sido líneas de sangre exclusivamente femeninas y a ambos se les cree desaparecidos. El medieval, también llamadas Valquirias, eran una hermandad guerrera que muy probablemente hubiera excelido dentro del BDSM en confianza, buen humor y duelos de poder en igualdad de condiciones. El moderno, conocido simplemente como Gatas, era una mutación Gangrel mediante magia chamánica que se aisló del resto del mundo; sus relaciones BDSM tendrían un poderoso componente animista y místico, con cada sesión siendo dedicada como ritual a algún dios o avatar espiritual específico que definiría tanto la estética, ritmo y prácticas de dicha sesión.

Ambos linajes, de existir todavía, preferirían la compañía de otras mujeres en el BDSM. Las antiguas Valquirias dedicaban su vida a proteger y vengar otras mujeres, lo cual, teniendo en cuenta que era la profunda Edad media, implicaba en un 95% de los casos partirle la boca a señores; resultaba bastante comprensible que confiaran con más facilidad en otras mujeres que en hombres. Las actuales son una comunidad cerrada e insular, que conviven las unas con las otras en una sociedad en la que tu único igual es otra mujer; de vivir en el exterior, estas Ahrimanes tendrían alguna probabilidad más de gustar de la compañía de vampiros masculinos, ya que su preferencia femenina ha sido más por convivencia que por ver los horrores que traen los hombres al mundo, como es el caso de las Valquirias.

Esto no quiere decir que estos linajes se sobrepongan a la orientación sexual de la vampira; más bien, significa que la extraen con considerable éxito de la sociedad heteronormativa (especialmente en el caso de las medievales Valquirias) y le muestran, de forma natural, el resto de posibilidades que existen. La ruptura de los roles clásicos de género juega también un papel importante en estos linajes, que permite a su vez una mayor liberación sexual, una mayor instropección y conocimiento de una misma y propician, también, el redescubrimiento y exploración de la orientación sexual. No son pocas Ahrimanes que se dan cuenta que la sociedad patriarcal estaba encajonándolas en un armario en el que nunca cupieron ni estuvieron cómodas.

Antitribu

Los antitribu son la prueba viviente de que los Vástagos no sólo nacen, sino que se hacen. La Vitae mueve al vampiro, pero el vampiro también mueve la Vitae, y lo que empezó como una simple diferencia ideológica se acabó convirtiendo en un linaje vampírico completamente diferente en cuanto a Disciplinas e incluso debilidades. Y un contexto tan diferente con frecuencia genera un BDSM diferente.

No nos engañemos, empero: al hijo rebelde le cuesta deshacerse de los pecados del padre. Por mucho que quieran separarse y considerarse copos de nieve especiales, los antitribu aún son miembros de su Clan, y a menudo acaban cojeando del mismo pie que sus contrapartidas de la Secta opuesta. Incluso cuando dan un giro de 180º a la cultura y filosofía de su Clan original, dicho giro sigue habiéndose producido desde el mismo punto de partida que el resto del Clan, y ese punto de partida seguirá definiendo todo lo que hagan, aunque sólo sea para tener un ejemplo al que oponerse el resto de sus no-vidas.

Assamitas

Desconocedores de la rígida disciplina y duras responsabilidades de su Clan original, los Assamitas antitribu modernos viven el día a día en sus relaciones BDSM con mucha más tranquilidad y menos arrojo que los descendientes de Haqim. Siguen cumpliendo su rol como asesinos dentro del Sabbat, cierto, pero ahora por lo menos han escogido ese rol por voluntad propia y no bajo amenaza fatal. El hecho que muchos de ellos no sufran la Maldición de los Tremere que les impide consumir sangre de otros vampiros podría parecer otra ventaja más para las relaciones BDSM de estos antitribu, al tener acceso a un placer que antes les era negado; mas es todo lo contrario: la debilidad que la sustituye los hace adictos a la sangre vampírica y, por extensión, a la diablerie. Pocos vampiros aceptarán someterse a un Assamita antitribu, por miedo a que no tenga la voluntad y autocontrol suficientes sobre sí mismo mientras se encuentran en una posición vulnerable ante sus colmillos. No obstante, los vampiros con roles dominantes encontrarán que dicha debilidad puede tornarse en fetiche a lo negación de orgasmo y tentación con facilidad… siempre y cuando consiga la confianza de un antitribu Assamita dispuesto a orientarle y educarle en la mejor forma de dejarlo indefenso y sin peligro alguno, en caso de sucumbir a su adicción.

Brujah

Las relaciones BDSM de los Brujah antitribu se caracterizan por un rasgo primordial: rechazo a la autoridad. Ven la sumisión plena y sin conflicto previo, aunque sea un rol fingido, como una problemática, un movimiento reflejo de su anterior existencia como Vástagos sometidos a sus despóticos antiguos que han de eliminar de todos los aspectos de su intimidad. Son dominantes, switches, brats: posiciones donde o bien ostentan la voz cantante, o bien han de ser sometidos “a la fuerza” antes de empezar a acatar órdenes y ponerse en situaciones vulnerables. Su impulsividad y agresividad son, no obstante, un problema serio para sus relaciones BDSM tanto con otros vampiros como entre ellos mismos, y recientemente se han visto obligados a implementar medidas de autocontrol y seguridad para sus desatadas Bestias y frenesíes. Que dichas medidas se asemejen sobremanera a las mismas que su Clan padre tiene incorporadas desde hace tiempo es algo que ningún miembro del Sabbat que quiera conservar su cabeza el resto de la noche se atreve a mencionar.

Gangrel

Los Gangrel antitribu, divididos en las líneas de sangre Urbana y Rural, adoptan posiciones completamente diferentes la una de la otra en lo que a BDSM se refiere. Los Gangrel Rurales desechan casi por completo la Humanidad y les traen sin cuidado las consecuencias de sus actos, haciendo casi imposibles las relaciones BDSM con prácticamente cualquier vampiro, puesto que necesitan una columna vertebral de valores humanos (normas, límites, consentimiento, la parte sumisa teniendo el control sobre la situación) que muchos Cazadores carecen por completo. Ni siquiera entre ellos se desarrollan estas relaciones, considerándolas limitaciones sin sentido más propias del ganado que de los depredadores. Los Gangrel Urbanos son harina de otro costal, y entablan relaciones BDSM con otros miembros del Sabbat y ellos mismos sin problemas, aunque con notables diferencias con respecto a su Clan padre. Para ellos es más importante la adaptabilidad que la fortaleza, por lo que no escogen a sus compañeros de juegos por ser capaces de sobreponerse a ellos, sino por ser capaces de ser más astutos y versátiles. Situaciones o conversaciones inesperadas, persecuciones literales o juegos del escondite con tintes morbosofetichistas se acercan más al tipo de desafíos que demuestran que otro vampiro tiene lo que hay que tener para encamar y someter a un Coyote.

Lasombra

Los Lasombra escapan de la oscuridad de su Clan padre para vivir paradójicamente en las sombras de la Camarilla. Haciéndose pasar por Toreador y Ventrue, reniegan del uso de la Obtenebración en sus relaciones BDSM y con frecuencia extienden esta negación a las “asignaturas” típicas de su Clan, como el bondage y shibari, la humillación pseudocatólica o las máquinas de tortura. Exploran los gustos comunes de su clan “falso”, adaptándolos como pueden a sus propios puntos de vista y dándoles un tono sombrío, perfeccionista y ambicioso: una escarificación más detallista, un espectáculo con látex más pomposo, una sesión de duelo de poder y disciplina más rígida y estricta. Cuando, en cambio, pueden ser sinceros en su afiliación antitribu (bien en público o en privado con los demás vampiros de su relación BDSM), a menudo la Obtenebración vuelve a ponerse sobre la mesa, acariciando conceptos del bondage pero usándola de formas menos comunes en su Clan padre: azotes o penetración con tentáculos sombríos, asfixia o privación sensorial son algunos ejemplos en los que los Lasombra antitribu reniegan de sus primos Sabbat.

Malkavian

Donde los Malkavian son medianamente autoconscientes y precavidos con la locura sobrenatural que les infecta, los antitribu se regodean en ella. Son peligrosos, descuidados y a menudo mantenidos de forma aislada al resto de la comunidad Sabbat de una zona por el peligro que representan, ya que con frecuencia sus trastornos adoptan tintes violentos y dañinos para terceros. En estas condiciones, resulta obvio que ningún vampiro fuera de estos antitribu querrá entablar una relación BDSM con ellos. No puede haber confianza. No puede haber BDSM. Cabe la posibilidad que dos antitribu sí se embarquen en una relación así, conocedores no sólo del peligro ajeno sino del propio, ya que estos casos se podría considerar que están en una igualdad de condiciones que no pueden alcanzar con los demás Clanes. Con frecuencia estas relaciones serán considerablemente macabras, sangrientas o grotescas para todos sus participantes, que en lugar de suprimir su debilidad la convertirán en parte siniestramente activa de sus juegos. El Sabbat suele proporcionarles a estos Malkavian recursos, intimidad y humanos para llevar a cabo sus oscuros juegos, ya que mientras se diviertan entre ellos en un sitio conocido con consecuencias previsibles no pondrán en peligro los objetivos de la Secta (además del hecho que no encerrarlos y tirar la llave después suele hacerlos bastante más receptivos).

Nosferatu

Los Nosferatu antitribu tienen pocas diferencias con respecto a sus hermanos de la Camarilla, con los que se comunican habitualmente de forma amistosa. De hecho, es esta relación amistosa la que les ha hecho dar un paso más allá en sus tendencias exhibicionistas y búsqueda del morbo de ser descubiertos: su fetiche es practicar sexo y BDSM en zonas controladas por la Camarilla. Este “intercambio de Sectas” es casi únicamente posible en esta dirección, debido al control más estricto y paranoico de las identidades y actividades de sus miembros del Sabbat, pero el beneficio que les supone a los Nosferatu de la Camarilla en su comercio de favores y secretos compensa con creces el no poder disfrutar de los mismos placeres. El precio se incrementa a medida que se incrementa la exposición y riesgo de los Nosferatu antitribu en territorio enemigo: tener acceso lascivo a la Necrópolis de sus primos de la Camarilla es lo más barato y seguro, mientras que hacerlo cerca de (o dentro de) Elíseos, dominios muy concurridos o a casi plena vista de la población está solo al alcance de los morbosos con más información y recursos a su alcance. A cambio, los Nosferatu de la Camarilla garantizan la seguridad de sus primos antitribu mediante sus Disciplinas, gozan de un espectáculo voyeur consentido de lo más interesante y procuran que sus primos vean lo justo y necesario del dominio de la Camarilla para desahogar sus fetiches, pero nada de importancia estratégica. Hasta la fecha, ninguno de estos dominios de  la Camarilla de “dogging Sabbat” han sido atacados o puestos seriamente en peligro por la Secta rival, lo que ha resultado de mutuo beneficio para ambas ramas del Clan.

Ravnos

Pese a todas las similaridades de los Ravnos antitribu con su rama occidental independiente, no podían ser más diferentes. Son nómadas, por supuesto, y bromistas y embusteros, también, pero por encima de todo, la rama antitribu es gente de palabra. Sus compañeros pueden confiar en ellos, sus manadas no dudan de su lealtad y sin duda las personas con las que se embarcan en relaciones BDSM tienen una certeza absoluta de que se cumplirán los límites establecidos al detalle. El Ravnos lo ha prometido. Y el Ravnos lo cumple. Gracias a eso, gozan de una sociabilidad sexual mucho mayor que en la facción occidental de su Clan padre, sin tener que someterse al embrollo de castas de la facción oriental del mismo. Cada vampiro es su propio vampiro, y más allá del uso del Quimerismo para sus experiencias sensoriales BDSM, no hay ningún fetiche o práctica común con sus primos. Sí que hay, no obstante, una tendencia a probar cosas ligeramente más arriesgadas que otros Clanes, gracias en parte a la buena fama de su honor para con las promesas. Otros vampiros buscarán a los Ravnos para ir más allá, ya que tienen tanto las garantías de que el juego se detendrá si es más de lo que pueden soportar como las herramientas para llevarlo a cabo sin necesidad de someterse a la verdadera experiencia, gracias a las capacidades del Quimerismo.

Serpientes de la Luz

Las Serpientes de la Luz, el linaje antitribu de los Setitas, son corruptoras, seductoras y misioneras igual de hábiles, sutiles y complacientes como su Clan padre. En lugar del culto a Set, las Cobras practican el vudú, la santería y el wanga, y su fe impregna la dulce confianza y afilados placeres con los que disfrutan y hacen disfrutar a sus compañeros de relación BDSM. Cada sesión es un sacrificio de sangre, ron y placer a los loa, con vevers que exudan lujuria y obscenidades dibujados en suelo, paredes, pieles y velas que iluminan carne, sudor y saliva en un sinfín de sombras al ritmo de los tambores. No es raro aprovechar estas sesiones altamente rituales para llevar a cabo conjuros y maldiciones sobre los enemigos de las Cobras y del Sabbat, convirtiendo el dolor y restricciones sufridas por placer en agonía y parálisis para sus adversarios. E incluso en estos casos, donde cada grito y cada gota de sangre derramada sirve a un propósito mayor, todo se hace por y para el prójimo que les acompaña en sus juegos; estudian sus fetiches, sus morbos y sus vicios y les dan un lugar seguro, una mano amable, donde llevarlos a cabo, donde satisfacer el hambre interior al que la libido somete al espíritu del vampiro. Los liberan y los alimentan. Los acercan a la verdad. Les alejan de la corrupción de Set.

ToreadorEntrada 3-4

Qué queda por decir de los Toreador antitribu que no se haya dicho ya. Por favor, que su alias oficial es Pervertidos. Pero mientras que sus primos de la Camarilla son capaces de contentarse con la belleza de una suspensión o de una figura de bondage de cuerpo entero, los antitribu necesitan más. Necesitan dolor, sufrimiento, gritos para que su consciencia se desvanezca en un estado de éxtasis supremo. La belleza necesita pasión, sentimiento, alma, y ningún sentimiento es capaz de abrumar tanto los sentidos como el dolor, a ojos de los Pervertidos. Azotes, escarificaciones, agujas, látigos, mordiscos, garras, cuchillos, máquinas de tortura… todo instrumento tiene su papel, su lugar señalado y su momento correcto en la dulce sinfonía sádica de los Toreador antitribu, que componen, tocan y dirigen como una orquesta de un solo vampiro cuyo instrumento es el amante masoquista que se entrega a sus cuidados. De vez en cuando hasta organizan eventos seguros en zonas neutrales a los que invitan a sus primos más destacados de la Camarilla, con la esperanza de atraerlos y educarlos como nuevos lúthiers del dolor… o en nuevos Stradivarius con los que interpretar la canción del placer del sufrimiento.

Tremere

Los Tremere antitribu aún existen, muy al pesar de su contrapartida de la Camarilla. Ya fueran afortunados que no asistieron al ritual que destruyó a casi la totalidad de sus hermanos o antiguos Teliavélicos que han sobrevivido hasta nuestros días desde tiempos medievales, un puñado aún importante de individuos permanece… Y tienen preocupaciones mayores que el BDSM. Se encuentran en una precaria situación muy similar a aquella de su Clan de origen durante sus primeros siglos, en la que, oficialmente, su único objetivo consistía en fortalecer y restablecer la organización de la línea de sangre. Y así, de nuevo, los magos vampiro entogados juran y perjuran no distraerse con nada mientras cruzan los dedos por la espalda. Ahora más que nunca están necesitados de confianza, mutua y de los demás miembros del Sabbat, y a menudo justifican sus escarceos como una necesidad para fortalecer las relaciones y contactos del Clan antitribu (o para reforzar los lazos con sus compañeros Tremere sabáticos). Y sin una organización central estable o un vínculo de sangre sectario que los obligue a meterse en vereda, la nueva generación Tremere antitribu extiende los usos de su magia y experimenta con ellos, compartiendo sus secretos con el resto del Sabbat sobre la mesa, contra ella o debajo de ella.

Ventrue

Caballeros de brillante armadura que ahora sólo aspiran al poder y liderazgo militar en el Sabbat, sus luchas de poder son mucho más austeras y rígidas que las de su clan padre, basándose o bien en el poderío físico, estratégico o intelectual. El ajedrez a menudo se convierte en un fuerte elemento fetichista, con cada pieza devorada dando derecho al agresor a imponer disciplina equivalente al valor de la ficha comida al defensor. A menudo esto se adereza dando un límite de tiempo a cada movimiento y dando derecho a cada jugador a acumular fichas para someter (o no) a la otra parte a una disciplina más dura o estricta, generando expectación, miedo y morbo a medida que la otra parte cercena las defensas contrarias sin cobrar nunca el precio de los soldados caídos. Castigos y fetiches que ponen en peligro la concentración de su adversario son “favores” comunes pedidos a cambio de las fichas, y se prohíbe curar las heridas provocadas a no ser que sean de excesiva gravedad. La victoria o derrota definitivas le otorgan al vencedor control completo del vencido durante una noche, que puede ser esa misma o una sesión posterior; a veces se permite al vencido desafiar al vencedor a doble o nada, aunque con frecuencia no es con el objetivo de ganar, sino por el placer de experimentar otra partida y volver a sufrir otra deliciosa derrota.Entrada 3-5

Baali

Los Baali no pueden tener relaciones BDSM. Su propia existencia es una relación de poder desigual entre ellos y los demonios a los que sirven e invocan y entre ellos y los mortales y vampiros que corrompen, someten y sacrifican, y su religión infernalista y diabólica sólo entiende de sometimiento y tortura unilateral por egoísmo puro y duro.

El mayor peligro que representan es su capacidad de infiltración en las Sectas y sus comunidades BDSM. Para estos crueles oportunistas, estas comunidades son rediles prefectos donde depredar nuevos sacrificios a sus oscuros señores, y su capacidad de manipulación es lo bastante terrorífica como para poder engañar a otros vampiros. Con frecuencia las comunidades BDSM que sepan de las depredaciones Baali tomarán precauciones ante cualquier recién llegado a su dominio; no es raro que muchos de estos grupos consientan en pos de la seguridad conjunta que uno o más compañeros hagan barridos con Auspex regulares para detectar cualquier cosa fuera de lo común en las auras de los nuevos miembros. Por descontado, cualquier Baali descubierto en una de estas comunidades será cazado y destruido de forma implacable por las mismas, de forma considerablemente cruel, dolorosa y sin un ápice de fetiche o placer por ninguna de las dos partes implicadas.

Gárgolas

Las Gárgolas que hoy en día viven libres del antiguo yugo Tremere tienen una existencia complicada. Su aspecto monstruoso y casi pétreo repele a la mayoría de los demás vampiros para cualquier trato más allá del casual, y su antigua condición de esclavos sobrenaturales de otro Clan hace que las propias Gárgolas no tengan ninguna gana de arriesgarse a acabar en la misma situación con otro vampiro. En aquellas escasas ocasiones en las que un número considerable de Gárgolas coexiste en el mismo dominio, sí que podría darse una relación íntima y de confianza lo suficientemente estrecha entre dos Gárgolas como para zambullirse en el BDSM.

Cuando esto ocurre, las relaciones de poder que se dan son de cuidado y cariño mutuo. No hay malas palabras, ni órdenes secas, ni disciplina rígida. Hay susurros con autoridad, premios húmedos y trémulos y caricias convincentes. Las heridas de su cautiverio y obediencia sobrenatural aún están recientes, y la facilidad con la que pueden ser controlados mediante Disciplinas hace que incluso los neonatos Abrazados libres prefieran algo más cercano al top/bottom que al dom/sub propiamente dicho. Por suerte, el BDSM ofrece todo el abanico de intensidades a su alcance, y las Gárgolas aún pueden disfrutar de su morbo y perversión sin resucitar a los fantasmas de su pasado.

Heraldos de las Calaveras

Ninguno de los heraldos originales practica BDSM, que se sepa. En sus almas oscuras y resentidas sólo hay sitio para la muerte y la venganza; sus siglos en letargo les han dejado demasiado apartados de los demás Clanes e incluso de sí mismos como para poder volver a sentir confianza hacia otro congénere. Podría existir una pequeña excepción a esa norma, no obstante.

Los Heraldos de la Tal’Mahe’Ra son los únicos de toda la línea que sí han Abrazado a neonatos en la era moderna, añadiendo sangre nueva a sus filas, pero manteniéndolos en un segundo plano por no considerarlos aún “dignos”. Esto ha llevado a dichos nenonatos a estrechar sus vínculos y darse apoyo en el duro aprendizaje de las sendas nigrománticas de su linaje, construyendo vínculos de confianza y convirtiendo sus conversaciones en un rescoldo de intimidad que atesoran con cariño. Cuando surge una relación BDSM así, los Heraldos implicados suelen ser cautos, actuando con cierta modestia y recato incluso en sus más morbosas fantasías. Su aspecto cadavérico es con frecuencia disimulado u ocultado mediante ropa, lencería o maquillaje, aunque a medida que pasan los años dicha reticencia a sus propios cuerpos acaba desapareciendo, encontrando atractivo y erotismo en su nuevo y macabro aspecto. Las máscaras que normalmente portan en todo tipo de situaciones sociales, académicas y místicas o bien desaparecen por completo, confiando sus rostros demacrados el uno al otro, o bien son convertidas en un fetiche más, haciendo uso de máscaras específicamente diseñadas para su sesiones que evocan obscenidad, disciplina, sumisión y morbo.

Hijas de la Cacofonía

Las misteriosas y extrañas Sirenas proceden de trasfondos lo suficientemente variados como para tener suelo fértil para las semillas del BDSM. Dependiendo de su estilo de música, la estética ya podría haberse filtrado en la apariencia de la Hija, y aunque la correlación no implica causalidad, son los polos similares los que se atraen. Esto no quiere decir que las sirenas cantantes de ópera y vocalistas de blues no puedan gustar del restallar de un látigo contra la carne de una suplicante persona sumisa, simplemente que cuando te vistes cuero, botas y tachuelas resulta más fácil plantearse qué otras cosas puedes hacer con dicho cuero, botas y tachuelas.

En lo que a fetiches se refiere, todas las Sirenas sienten un morbo especial por el sonido. La reverberación en sus tímpanos de un gemido a duras penas contenido hace vibrar sus cuerpos y centellear la malsana melodía que invade el fondo de sus mentes; los gritos añaden notas estridentes que rompen los bajos de esa sinfonía infernal; el sonido de la carne azotada y golpeada es una orquesta de percusión que insufla sus corazones de pasión y sus venas de expectación carmesí. No obstante, no son sólo los sonidos inteligibles consecuencia del morbo y la pasión los que despiertan la calidez de la libido de las Sirenas: las palabras, los susurros, las órdenes y los piropos; la cacofonía que estructura el caos dentro de una sesión BDSM mediante las voces cruzadas de dominantes y sometidos; las entonaciones socarronas entre una humillación o la gravedad de la voz que ha de imponer un castigo estricto. Cada modulación, variación y decibelio pronunciado se convierten en la canción de vida cuya letra es el éxtasis que despierta por un breve momento a las Hijas de la Cacofonía de sus ensoñaciones. Y con una venda en los ojos, por favor.Entrada 3-1

Maeghar

Más que una línea de sangre, los Maeghar (que antaño fueron los portadores del nombre Kiasyd) son un trágico accidente, fruto de Abrazar a alguien tocado por las hadas y sobrevivir dicho individuo al proceso. Debido a la naturaleza incidental de su existencia y que no son pocos los que son destruidos por sus propios sires al darse cuenta de lo que han creado, son solitarios, elusivos y tirando a paranoicos. Evitan a los demás vampiros, si pueden, o se hacen pasar por otros Clanes temporalmente mientras permanecen en un dominio, lo cual no da lugar a mucha confianza sobre la que poder desarrollar un interés hacia el BDSM.

Cuando dos Maeghar coinciden, dicha confianza puede formarse en el simple transcurso de una noche, fruto quizás de su aislamiento o de poder encontrar a alguien con quien sentir verdadera afinidad. Las relaciones BDSM surgidas de estos encuentros son fugaces e improvisadas, plagadas de fetiches contenidos durante años para los cuales se pide permiso a la otra parte sobre la marcha. Se convierten en sesiones verbales y pasionales, incluso con la frialdad propia de los Maeghar, en las que el diálogo y las normas se establecen a medida que se llevan a cabo: “para”, “sigue”, “eso no”, “¿quieres…?”… Esta clase de “negociaciones” adoptan la forma de intercambios comunes a medida que deciden qué es lo que desean, cómo lo desean y cuándo lo desean. Algunas medidas de seguridad evolucionan de forma paralela en estas relaciones esporádicas, como el uso de Myhterceria previo para determinar si alguno de los vampiros tiene alguna intención dañina o maligna hacia el otro, o si respetará los designios del otro participante en caso de negarse a algo, conformando una especie de contrato feérico efímero en el que asientan la libido desbocada y fetichista posterior.

Kiasyd

Los actuales Kiasyd, usurpadores del nombre a los Maeghar hace siglos, fueron un experimento macabro pero exitoso de un ambicioso Lasombra, ahora progenitor de la línea de sangre. Algo más comunes y sociales que sus primos Maeghar, aunque igualmente solitarios y taciturnos, su apariencia fuera de lo común fascina a otros vampiros. Su altura, que siempre supera los dos metros, unida a los reflejos azulados de su piel blanquecina y la completa negrura de los ojos llama a los fetichistas vampiros como moscas a la miel. Quizás quieran ver esas enormes manos sujetarles con fuerza por el cuello, mientras un par de ojos como piedras de azabache les anuncian el suculento castigo al que les van a someter. Quizás quieran deleitarse con un cuerpo que ofrece una superficie más alargada en la que llevar a cabo sus sádicas obras de arte mediante needle play, azotes, pinzas o similares. O quizás, simplemente, quieran colgarse la medallita de “me tiré a un Kiasyd”.

Esta clase de fetichización no es del gusto de todos los Kiasyd. Muchos de estos fervorosos interesados en la anatomía de este linaje buscan algo esporádico o excepcional, en lugar de una relación duradera y de confianza; que su naturaleza, no ya su aspecto particular sino los rasgos generales que el resto de vampiros asignan a esta línea, se convierta en un objeto de deseo hasta el punto de despersonalizar al individuo con esos rasgos es profundamente desagradable. Es difícil construir confianza en alguien que no ve ni considera el individuo con emociones, personalidad y motivaciones propias que eres; ¿qué límites, normas y respeto mutuo puede seguir alguien que sólo te considera un objeto inanimado de deseo? Ninguno, la respuesta es ninguno. Por suerte para los Kiasyd, sus poderes casi feéricos les permite discernir con facilidad a mentirosos, embusteros y gente deshonesta en general, de forma bastante desagradable para dicha persona. Ver a una supuesta persona dominante o sumisa escupir enjambres vivos de moscas por la boca cuando mienten al respecto de sus intenciones, respeto y verdadera consideración sobre los intereses del Kiasyd es algo que quizás no aporte placer sexual alguno al linaje, pero sin duda les llena de satisfacción.

Nagaraja

Los Nagaraja son un caso excepcional en muchos sentidos. Más que vampiros, son caníbales y necrófagos, y necesitan carne humana para sustentar sus cuerpos y poderes. Pertenecen casi en su totalidad a la Tal’Mahe’Ra (son sus fundadores, técnicamente), y los pocos que llevan una existencia independiente suelen ser monstruos peligrosos cuya humanidad ha caído en picado debido a sus costumbres alimenticias. Sólo los miembros de esta secta podrían calificar como para poder desarrollar una relación BDSM con otro vampiro, que en la práctica totalidad de los casos serían otros miembros de la Tal’Mahe’Ra (y probablemente otros Nagaraja). Al fin y al cabo, cuesta fiarse de un congénere para el cual no existe el Beso y cuyo éxtasis alimenticio viene de comerse literalmente a personas.Entrada 3-2

Cuando dos Nagaraja acceden a una relación BDM en mutua confianza y consentimiento, las cosas se ponen muy intensas muy rápidamente. Sus mandíbulas están plagadas de dientes aserrados e irregulares, por lo que los cuerpos acabarán a menudo cubiertos de grotescas y peligrosas dentelladas, heridas abiertas y jirones de piel y carne. Consumir o ser consumido alcanza un aspecto místico y ritual, una pequeña transferencia nigromántica de la esencia de cada uno a la par que una muestra de amor, respeto y obediencia. La severidad de las heridas hará que, por logística, estos macabros encuentros caníbales sean esporádicos; incluso en el caso de vampiros, ciertas heridas y cierta cantidad de heridas pueden resultar agotadoras, no sólo físicamente, sino emocional y mentalmente. Nagaraja precavidos tendrán carne fresca o conservada mediante nigromancia para reponer las reservas tras el agotador proceso de curación.

Salubri

Los desafortunados descendientes de Saulot son en la actualidad poco más que una leyenda, un resquicio roto y difamado por los Tremere que se aferra a la inferioridad numérica como método de supervivencia. Los Salubri modernos, aquello que queda de la antigua casta Sanadora son bienintencionados y generosos, pero tremendamente desconfiados. Sólo otro Salubri les permitirá bajar la guardia, confiar y mostrarse vulnerables. Ya de por sí es difícil encontrar Salubri interesados en el BDSM, ya que muchos abandonan los placeres que consideran mundanos en pos de la iluminación y la espiritualidad, y encontrar a dos Salubri interesados en el BDSM en el mismo lugar y al mismo tiempo es exponencialmente difícil. Vampiros de otros Clanes podrían interesar al Salubri en dichas prácticas, de forma parecida a lo mencionado en el Inconnu, como forma de experimentación, comprensión y aceptación de las limitaciones, debilidades y placeres de la carne vampírica; esto será un proceso lento y delicado, por eso, en el que no sólo deberá demostrar al Salubri que es de confianza, sino que además deberá demostrar al Salubri que dichas prácticas no suponen un riesgo para la propia Humanidad.

Los descendientes de su antigua casta Guerrera, que ahora se hacen llamar Salubri antitribu, tienen puntos de vista completamente diferentes. Sus filas incorporan a nuevos miembros con más frecuencia y su mentalidad, aunque cargada de rabia y venganza, también rebosa de pasión y abandono que encuentran consuelo entre las cuerdas, grilletes y colmillos de sus camaradas del Sabbat. Igualmente desconfiados como sus hermanos Sanadores, es más habitual encontrar a dos Furias juntas en una relación BDSM que con otros miembros de otros clanes. Ambas conocen los demonios que las atormentan y el precio a pagar por una vida de constante guerra y retribución, y saben como calmar brevemente esos deseos y dejarse llevar por una canción diferente de la de los cuernos de guerra. La resistencia de sus músculos es puesta a prueba mediante suspensiones y máquinas de tortura, su carne es marcada ritualmente con dagas y espadas grabando a sangre los tres ojos Salubri entre gemidos y su Tercer Ojo se abre por un instante al placer y tranquilidad de la obediencia y disciplina, en vez de a la batalla.

Los Wu Zao, el linaje asiático Salubri antaño conocido como la casta Vigilante, no son tan dramáticos con respecto a sus relaciones fetichistas y placeres personales, aunque su sentido de la responsabilidad y el deber no sea menor que el de los demás Salubri. Aventureros, ladrones y académicos por igual (y que a menudo cambian de ocupación según necesiten), los Wu Zao son con frecuencia switches de rematada curiosidad casi académica en las perversiones en las cuales se dejan llevar. Investigan y descubren las sensaciones y aplicaciones de sus habilidades en sus amantes amordazados, a la par que aceptan con entusiasmo convertirse ellos en el sujeto de experimentos cuando sus relaciones BDSM poseen fetiches que desconocían. No quiere decir que acepten hacer de todo, simplemente que antes de dar un no rotundo prefieren informarse de la teoría y ponerlo en práctica al menos una vez.

Samedi

Cadáveres andantes que hieden a muerte y cuya carne putrefacta se desprende con el tiempo de sus cuerpos, los Samedi a menudo tienen ciertas complicaciones para encontrar compañeros de juegos en el BDSM. Los vampiros pueden tener gustos considerablemente amplios y ser menos cerrados de miras que cuando eran mortales, especialmente tras unos cuantos siglos, pero hay límites que hasta a ellos les cuesta cruzar, y con cierta razón. No obstante, a los Samedi les sobra encanto. Como el loa del cuál claman para sí su nombre, son criaturas normalmente elegantes, sociables y de modales, digamos, adecuados. Para anidar en guetos, comunidades de inmigrantes y sindicatos criminales se necesita inteligencia, y la labia necesaria para usarla.

Con frecuencia, será esta lengua de plata la que atraiga a otros vampiros al redil del Samedi y le permita trabar amistad y confianza con ellos. Aunque su aspecto de cadáver en descomposición es el que es, molestias mucho más inevitables como el hedor sí pueden ser ignoradas por los vampiros (no necesitan respirar), dando lugar a que tarde o temprano una amistad íntima cruce la línea y se convierta en algo más físico. Aunque son pendencieros y lujuriosos, los miembros de la línea Samedi son gente de palabra y honor, cuando alguien tiene la suerte de gozar de ellos; mantienen la confianza y consentimiento de sus compañeros de juegos y no se sienten ofendidos o dolidos si alguna consecuencia de su aspecto puede resultar en que el resto de implicados quieran parar la sesión. A menudo implementan pequeñas soluciones temporales para que, por ejemplo, no se caiga un pedazo importante de carne durante las sesiones, recurriendo a técnicas de embalsamaje o productos que sequen su carne exterior para retrasar la podredumbre. Estos ingenios tienen un éxito variable, puesto que la maldición Samedi es sobrenatural, pero sin duda ofrecen una pequeña mejora durante el tiempo necesario para sus relaciones.

Verdaderos Brujah

Los que afirman ser el verdadero linaje de la sangre del antediluviano Brujah, fríos académicos y estudiosos sin un ápice de emoción en sus venas, se regodean en el BDSM. Para ellos, es la rama intelectual de lo que normalmente no son más que bajos impulsos y distracciones de la adquisición de la perfección mental. Con el BDSM pueden ir más allá del plano físico, convirtiendo en placer y satisfacción la superioridad intelectual, lo cual, teniendo en cuenta su dificultad para sentir y expresar emociones, es todo un logro. Para muchos es incluso un paso más allá de la propia inteligencia, ya que si pueden vincularla y hacerla reinante de uno de los procesos y deseos más físicos de sus cuerpos significan que están más cerca de la perfección de aquellos que no pueden obtener placer carnal a partir de ella.

Las prácticas más físicas, pues, pasan a tener un papel secundario en las relaciones BDSM de los Verdaderos Brujah. Son la consecuencia o el accesorio, más que la motivación, como el castigo a un debate perdido o la distracción carnal mientras se intenta resolver un enigma siendo estimulado físicamente. En ocasiones el placer físico se usa como forma de humillación o degradación, con un Verdadero Brujah sumiso sintiendo una terrible vergüenza y sumisión hacia el dominante que aún puede hacerle sentir sucia satisfacción carnal, o un Verdadero Brujah dominante mofándose y demostrando una absoluta decepción e incluso asco mientras monta o lleva al orgasmo físico a su persona sumisa. Ningún rol concreto les atrae, por lo que a menudo se convierten en switches que hacen valer su autoridad mediante el debate, la retórica y el diálogo sobre los demás participantes (o aceptan su inferioridad si son derrotados). La disciplina es un fetiche común entre todos ellos, ya que consideran que es la forma de perfeccionar su fortaleza y agudeza mental mientras se dejan llevar por los bajos vicios carnales que aún no han conseguido trascender.

Viejo Clan Tzimisce

El Viejo Clan, aquellos antiguos Tzimisce que escaparon a la purga del Sabbat y no se unieron a ninguna Secta, no tienen tiempo ni paciencia para algo como la confianza mutua. La casi plenitud de sus relaciones con otros vampiros (habitualmente sus chiquillos) se basa en vínculos de sangre unidireccionales en los que ellos son los domitores y los demás sienten hacia ellos lo que el Tzimisce quiere que sientan: amor, lealtad, lujuria, etc. No hay BDSM posible con un Viejo Clan, por lo menos no con sus allegados.

Las normas de hospitalidad Tzimisce, que descienden precisamente del Viejo Clan, son la excepción a esta regla. Pese a que un Viejo Clan jamás se fiaría de las intenciones y palabra de otro Viejo Clan, cuando se invoca la hospitalidad incluso los más amargos enemigos se rigen por el más alto de los honores para garantizar el cumplimiento de dichas reglas. Ofrecen un marco seguro. Ofrecen confianza mutua y sincera. Ofrecen, para el Viejo Clan Tzimisce, la oportunidad de una relación BDSM. Estas relaciones, constreñidas al límite de hospitalidad de tres días, son breves e intensas; a menudo se convierten en un juego de 24/7 durante esos días, donde cada palabra, cada mirada y cada roce es una puñalada de morbo y perversión contenidos. El quién ejerce qué rol depende enteramente de los participantes y su relación fuera de la hospitalidad BDSM invocada: un anfitrión tanto podría actuar de dominante (controlando cada nimiedad de los modales del invitado y lanzando amenazas fingidas de cancelar la hospitalidad por supuestas ofensas de éste) como de sumiso (atendiendo a cada necesidad y deseo del invitado para garantizar su placer y bienestar). Un límite que se asume en casi cada relación de este tipo es el de no consumir sangre mutua, aunque a menudo se verbaliza de forma específica nada más invocar la hospitalidad. Al fin y al cabo, los vínculos de sangre son la forma de ejercer control real que utilizan los Viejos Clan Tzimisce con sus súbditos y esclavos, y es un riesgo demasiado elevado que ningún Viejo Clan querría asumir consumiendo sangre ajena, ni siquiera bajo las reglas de la hospitalidad.


Podéis encontrar la primera entrega de la Guía de BDSM para Vampiros en este enlace. Podéis leer aquí la anterior entrega.

Cabecera e ilustraciones por Clara Dies. Podéis encontrarla (y contratar sus servicios como artista) en su Twitter, @diesclara, y su Instagram, @neminkaholic

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